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Reparar (en)

Artista: Doris Salcedo
Organización: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Local: Palacio de Cristal
Fechas: 6/10/2017-1/4/2018

Al escuchar Doris Salcedo (Bogotá, Colombia, 1958) conversando con la crítica de arte Estrella de Diego en el auditorio del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS), se tiene la impresión de que a ella no le interesa hablar sobre el proceso de producción de su obra: “mi objetivo es el duelo de aquellos olvidados”, comenta sobre su último trabajo, Palimpsesto, que recién se inauguraba en el Palacio de Cristal.




        Es difícil esquivar la pregunta “¿cómo se hizo?” al caminar por un piso de concreto donde de tiempos en tiempos emergen palabras escritas con agua. Son los nombres de 192 hombres y mujeres, algunos de los muchos ahogados en el Mediterráneo en la ruta de emigración clandestina a Europa. Los nombres surgen, se escriben con agua, desaparecen y el piso vuelve a secarse. La puesta en escena, el silencio, los cristales, y el parque alrededor les intenta hacer justicia y permite que desconocidos de las víctimas se conecten de alguna forma con esa tragedia, y les haga un duelo.
        Esta no es la primera vez que Salcedo trabaja sobre vidas perdidas en manos de las injusticias de la historia contemporánea. En 2016, por ejemplo, presentó Sumando ausencias en la Plaza Simón Bolívar, de Bogotá, que amaneció totalmente cubierta por una mortaja de siete kilómetros, donde se veían 1900 nombres, cada uno escrito con cenizas en una tela de 250 x 130 cm. Son el 8% de las víctimas del conflicto armado colombiano, y la obra fue una respuesta al plebiscito que recién votaba por el No para el acuerdo entre el Gobierno colombiano y las Farc.


Ofrecer esculturas públicas, ambientes fúnebres en instituciones de arte o en espacios abiertos de la ciudad para recordar injusticias y olvidados parece un buen punto de partida para un trabajo político. Pero diferente de un ejercicio de física, que se piensa en un ambiente ideal, las obras tienen que ganarse el mundo, y superar las contradicciones de presentarse en sociedad. Y el caso de Salcedo es paradigmático.
Aunque no le guste a la artista, y aunque no tenga por costumbre hablar sobre su proceso, la pregunta “¿cómo se hizo?” se hace repetidas veces. Lo que se sabe y se ve es que sus obras involucran siempre un equipo grande, y por ellas pasan muchas manos bajo órdenes muy estrictas de ejecución. La maquinaria de producción del arte contemporáneo es cada vez más compleja, con profesionales de distintas áreas de conocimiento (ingenieros, arquitectos, biólogos, investigadores, productores etc.) que dan forma a las ideas de los artistas, y las mantienen vivas en su período de exposición. En el caso del Palacio de Cristal, el equipo de seguridad comenzó un juicio en contra del MNCARS por condiciones insalubres, de mucho frío, en el trabajo de cuidar a Palimpsesto. Este caso ilustra la complejidad del sistema del arte, donde un trabajo que habla de desprotegidos, y les homenajea, se olvida de otros desprotegidos, y los explota. Está claro que Salcedo no puede solucionar los males del mundo, y no se trata de ponerle tanta responsabilidad. Pero, resulta poco coherente con su obra, que actores fundamentales para su existencia de la misma sean anónimos y precarizados. En el caso de Sumando ausencias, su construcción tardó una semana, donde trabajaron diez mil voluntarios en un proceso industrial, y cuyos nombres tampoco fueron mencionados.
“Doris Salcedo, ¡no trafique más con el dolor de nuestras víctimas!” se escribe en un cartel en la Plaza Simón Bolívar, en Bogotá. El hombre que lo sostiene dice que la artista hace un trabajo colectivo, sobre un problema colectivo, para que luego salga su nombre en revistas internacionales de arte y ella lucre encima de la desgracia de las víctimas. Frases como esa son muy frecuentes sobre Salcedo, principalmente cuando se piense en el valor de sus obras, tanto de ejecución como de venta, ya que la artista pertenece a una de las galerías más importantes del mundo, la White Cube, de Londres. Para construir Palimpsesto, con piedras de cemento de 800 kilos construidas en Colombia, dotadas de ingeniería hidráulica sofisticada, la artista puso parte del presupuesto, que ganó en el Premio Velázquez en 2010. ¿Es coherente que algo que habla de precariedad y desgracia social involucre tanto dinero? Por otro lado, ¿por qué personajes olvidados no pueden ser recordados con una obra monumental? ¿Nos estaríamos cuestionando eso si se tratara de un artista formalista?  ¿El dinero, la relación y el proceso de trabajo, pueden deslegitimar una obra? ¿Es posible escapar?
Estas preguntas tal vez no tengan respuesta, pero sirven para algo. Si parte de la labor del arte es hacer visibles, con un lenguaje propio, procesos que se nos escapan en la vida cotidiana, como Salcedo lo propone en su trabajo, su labor debe seguir en sus propias relaciones, no como trabajos de crítica institucional, si no conectando ideas con prácticas. En ese sentido, lo interesante del trabajo de Salcedo tal vez no esté tanto en su intención principal -reparar daños históricos- pero sí lo esté en la exuberancia y monumentalidad de sus creaciones, que por tratar de temas sociales, nos molesta, nos hace reparar en el mundo y en sus contradicciones, en reparar en la artista, el museo, la sociedad y en nosotros mismos.


Júlia Souza Ayerbe



Comentarios

  1. Crítica moralizante. No sé si le hace justicia a la dignidad de la obra una valoración del tipo: la artista se lucra con el dolor y el sufrimiento de las víctimas.
    Sigues sin poner los pies de fotos.

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