Basta y sobra
Comisariado: Manuel Borja-Villel y Soledad Liaño
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Hasta el 19 de marzo de 2018
El artista sudafricano William Kentridge, reciente y justificadamente galardonado con el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2017, realiza en su exposición Basta y Sobra del Museo Reina Sofía de Madrid una extensa revisión de algunas de sus propuestas escénicas elaboradas a lo largo de sus más de cuarenta años de carrera.
Una amplísima exposición en la que Kentridge no muestra únicamente su diversa y prolífica producción, si no que igualmente despliega todos sus conocimientos teóricos y escenográficos. A lo largo de las salas revisita algunas de las obras escénicas más relevantes del siglo XX, sin por eso olvidar la figura de Claudio Monteverdi, considerado tradicionalmente como padre del barroco, germen de la fascinación por los juegos de claro-oscuro que parecen recorrer la bícroma producción del artista. Un entrecruzamiento de disciplinas que se hibridan convirtiendo su obra en algo ambiguo donde fácilmente tienen cabida sus lecturas políticas (nada sorprendente de recordar su formación en arte, estudios africanos y ciencias políticas).
En su producción, Kentridge demuestra la pervivencia de la tecné en el arte contemporáneo, dotada en esta ocasión de ingenio y actualidad por su capacidad para recuperar la narratividad como forma de crítica social. Así, sus dibujos animados sirven para ilustrar asuntos como el apartheid o el neocolonialismo (que comenzó a trabajar en sus colaboraciones con la Junction Avenue Theatre), asuntos donde una deliberada iconoclastia dificulta encontrar imágenes a través de las que poder hablar. Ilustraciones que modifica insistentemente, dibujando sobre lo borrado, pero dejando siempre visible una huella de lo que anteriormente existió. Es precisamente ese hacer y deshacer lo que dota a su obra de un carácter performativo, semejante al rastro de pintura que deja en el lienzo el desplazamiento de Pollock.
Obras ya clásicas de la escena del siglo XX como Ubú Rey de Jarry, La Nariz de Gógol y Shostakovich, el Woyzeck de Büchner o la Lulú de Wedekind (estas dos últimas musicadas por Alban Berg en óperas ya fundamentales de la música de inicios de siglo), adquieren en esta ocasión una dimensión visual. De entre ellas destaca sobremanera el complejo montaje de La Nariz, en el que el vídeo creado para tal ocasión se reproduce simultáneamente a través de ocho pantallas, rodeando al espectador y dotando de valor espacial a la videocreación. Esto es acompañado con dibujos preparatorios, maquetas, trabajos previos utilizados como ensayo o materiales empleados para su realización (como puede ser el caso de las marionetas en Woyzeck o el vestuario en La Nariz). Un gran despliegue, todo él articulado en torno al dibujo, que aterriza en un museo como el Reina Sofía, donde rara vez la producción contemporánea exhibida alude a la pintura y el dibujo como medios de creación actual. No obstante, es igualmente interesante recordar que la exposición de Kentridge se exhibe junto a la del dibujante de cómic George Herriman, ambas demostrando la tremenda actualidad del dibujo y sus posibilidades críticas.
Aitor Merino Martínez


En la ficha olvidas el nombre del artista.
ResponderEliminarConfundes el "sino" adversativo con el "si no" condicional.
Claudio Monteverdi es el padre de la ópera, no el padre del barroco.
La palabra "iconoclastia" no está admitida en el DRAE. Lo correcto es "iconoclasia".
Bien.
Tienes toda la razón en las correcciones que comentas, mea culpa.
EliminarNo obstante, si consideré a Monteverdi como padre del barroco es por el hecho de fechar el inicio del barroco musical en 1607 tomando como referencia la fecha del estreno de L'Orfeo. Además, es uno de los casos más tempranos de una cierta alternancia entre la fluidez (en su caso del recitativo) y el detenimiento (de las arias), un contraste que posteriormente retomaron tantísimos autores y que yo veo reflejado en la obra de Kentridge.