La
exposición Escala 1:1, comisariada
por Verónica de Mello, que se puede visitar hasta el 15 de abril en La
Principal de Tabacalera, reúne la obra de 21 artistas portugueses
contemporáneos, en su mayoría de largo recorrido y reconocidos
internacionalmente pero que pese a la proximidad con España, ésta no les ha
prestado la suficiente atención y es ya solo por este motivo que la muestra
adquiere un gran valor para el público y los profesionales del sector cultural
madrileño.

Escala
es, como sabemos, la relación matemática entre una determinada dimensión en el
dibujo y la correspondiente dimensión real del objeto representado.
En
arquitectura, escala es la representación gráfica de una construcción, los
arquitectos trabajan continuamente en relación de referencia con la realidad, y
por esta razón no es frecuente la relación directa del cuerpo con el espacio, o
con la obra de arquitectura construida. La visita a una exposición convencional
de arquitectura es siempre una visita a su representación, en la que se puede
observar el proceso de construcción, a través de dibujos, maquetas, videos o
fotografías, que representan en escala el objeto construido, pero la
experiencia del cuerpo no es directa, si no que sufre la intermediación de su
representación. A diferencia de lo que ocurre con la obra de arte, en la que la
confrontación con el cuerpo es real. En Escala
1:1, se nos propone la experiencia de relación directa entre nuestro cuerpo
y la obra de arte, ésta es siempre en escala real, su relación con el observador
es de 1:1. La comisaria nos plantea una investigación, un tanto difusa a veces,
en torno a diversos temas de esta relación triangular entre el cuerpo, el
espacio y la obra.
Esta reflexión nos lleva inevitablemente a pensar en
el concepto de mímesis. La idea del 1:1 no solo es la muerte de la mímesis por
cuanto no se representa una realidad exterior sino también por cuanto se sigue
representando, 1:1 sigue siendo representación, es la mímesis total, la
representación perfecta, es tanto la carencia de representación porque no se
representa en un cuadro un edificio, sino que el cuadro se representa a sí
mismo, y a la vez es la mímesis total. Sí que hay representación, pero la obra
se representa absolutamente a sí misma.
Sin preeminencia alguna de una obra sobre otra, la exposición nos presenta el trabajo de artistas visuales como Carlos Bunga, Pedro Cabrita Reis, Rui Calçada Bastos, José Pedro Croft, Fernanda Fragateiro, Daniel Malhao, Rodrigo Oliveira, Nuno Sousa, entre otros. En un intento de encontrar coherencias dentro del amplio discurso propuesto por de Mello, me detengo en lo siguiente: si la escala de nuestro cuerpo es nuestra base para comprender el mundo, puesto que partimos siempre de nosotros mismos, es en la obra de Jorge Molder y Helena Almeida donde podemos leer la fuerte carga corporal y de habitabilidad; la proporción copórea en contraste con el espacio habitable o con los elementos propios de la arquitectura y de la construcción. El cuerpo como activador del espacio y la comprensión de lo que nos rodea se hacen mas claros con la introducción de la presencia humana: el cuerpo como referencia.
Sin preeminencia alguna de una obra sobre otra, la exposición nos presenta el trabajo de artistas visuales como Carlos Bunga, Pedro Cabrita Reis, Rui Calçada Bastos, José Pedro Croft, Fernanda Fragateiro, Daniel Malhao, Rodrigo Oliveira, Nuno Sousa, entre otros. En un intento de encontrar coherencias dentro del amplio discurso propuesto por de Mello, me detengo en lo siguiente: si la escala de nuestro cuerpo es nuestra base para comprender el mundo, puesto que partimos siempre de nosotros mismos, es en la obra de Jorge Molder y Helena Almeida donde podemos leer la fuerte carga corporal y de habitabilidad; la proporción copórea en contraste con el espacio habitable o con los elementos propios de la arquitectura y de la construcción. El cuerpo como activador del espacio y la comprensión de lo que nos rodea se hacen mas claros con la introducción de la presencia humana: el cuerpo como referencia.
Jorge Molder, uno de los primeros artistas que nos encontramos en la muestra, nos presenta una pieza de video, la primera ejecutada por él, en la que alterna la imagen fija con el movimiento para hablar de un atributo mental, la memoria. Se trata de Linha do tempo (1999-2000) y tiene su desarrollo en blanco y negro. Aunque de nuevo como en el resto de su trabajo, el actor aquí es el artista, un personaje que va y viene en desconcierto, deprisa y lentamente, a través del espacio interior delimitado por las paredes de una vivienda antigua, un piso prácticamente ya vacío que contiene aún lámparas en su sitio, así como algunos enseres y objetos personales de quienes fueron sus habitantes. Pero lo que nos muestra es que se ha roto el orden que reinaba allí. En su trabajo, de tintes psicoanalíticos, ha desarrollado un gusto por los lugares oscuros del alma, la “inquietante rareza” o “inquietante familiaridad”, el mapa de nuestros deseos y ambigüedades. Donde encontramos similitudes con la obra de Gregor Schneider, por cuanto se da en ella una tensión inerradicable entre la familiaridad y la desfamiliarización que produce el efecto de lo siniestro en quien extraña la comprensión habitual de una casa.
La coherencia de esta obra con el discurso
expositivo podríamos encontrarla en el propio montaje de la pieza, según la
comisaria es la primera vez que Molder accede a exponer su obra fuera del cubo
blanco, y como vemos resulta estar instalada a lo que nuestra percepción podría
considerar escala real, de tal manera que podríamos pasar nuestra mano por el
friso de la habitación y que esta acción tenga una continuidad con la acción
que ocurre en la pieza de video.

Helena Almeida,
una de las artistas más veteranas y reconocidas de la muestra nos presenta otra
pieza de video bajo el nombre A experiência do lugar II de 2004 —
que fue realizada para la Bienal de Venecia de 2005. Almeida dice «Mi obra es mi cuerpo, mi cuerpo es mi obra»
Aquí encontramos la triangulación cuerpo-obra-espacio, planteada por la
comisaria. Su aproximación a la obra de arte
está profundamente marcada por una concepción plástica compleja, que nace del
deseo íntimo de expresarse en un orden «espacial», esto es, una necesidad de
superar los límites del cuadro.
La escala aquí podría tener más una
dimensión emocional. En la pieza observamos como la artista recorre un espacio
de rodillas. Es su taller, que previamente había sido de su padre (también
artista), en el que lleva trabajando toda la vida, a sus ahora ochenta años. Almeida nos
dice: “Desde el principio, el taller forma parte de
mis obras: los bancos, el suelo, las paredes… es el escenario ideal, el lugar
donde surgen y se deciden las obras. Me gusta trabajar en ese espacio, es lo
que necesito: allí están mis ilusiones, esas historias sobre las que trabajo,
que no tienen principio ni fin. Me gusta y me basta con el taller y algún
material”.
Después de la
visita a la exposición podríamos pensar que el concepto curatorial cojea en
cierto modo cuando intentamos dilucidar de qué manera las obras dialogan entre
sí y con el espacio, y quizá nos parezca que la arquitectura es una excusa de
la comisaria para reunir a estos artistas que poco o nada tienen que ver entre
sí. Sin embargo, el interés que las obras suscitan por separado nos hace
olvidar el frágil hilo discursivo propuesto por la comisaria.
Escala
1:1. 21 artistas contemporáneos portugueses.
Una reflexión sobre la escala en la arquitectura y la obra de arte.
Comisaria:
Verónica de Mello
16
de febrero – 15 de abril de 2018 Tabacalera.
Sergio
Redondo López-Samaniego
Ficha incompleta. Es curioso que coincidas con Ana Redondo en que el discurso curatorial es superfluo para la exposición. No estoy de acuerdo. Yo veo más bien una exposición muy bien articulada en torno a un tema, específicamente arquitectónico.
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