Rosi Amor
Artista: David Bestué
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Hasta el 26 de febrero de 2018
El Museo Reina Sofía de Madrid apuesta por la obra del artista barcelonés David Bestué (1980). La muestra ha sido organizada dentro del programa Fisuras, una iniciativa del Museo que permite a jóvenes artistas producir nueva obra para sus diferentes espacios. En esta ocasión, el artista ha elegido el habitual Espacio 1, recuperando además la abandonada Sala de Bóvedas subterránea.
Pese a haberse formado como escultor, David Bestué pronto abandonó las cuestiones materiales para llevar a cabo una amplia producción de video-performance junto al artista también barcelonés Marc Vives. Esto no le impidió continuar investigando sobre escultura y arquitectura en un plano teórico, motivo que le llevó a estudiar en profundidad la obra del arquitecto Enric Miralles para posteriormente publicar libros como A Izquierda y Derecha o Formalismo Puro.
Como ya hiciera en la exposición Realismo que organizó La Capella de Barcelona en el año 2015, Bestué recupera en esta ocasión la escultura más material, los restos arquitectónicos y las referencias constructivas para hablar de su contexto histórico-social. En esta ocasión, el artista analiza las diferentes secciones de la Comunidad de Madrid a través de sus características constructivas. Así, en la primera sala, encontramos una serie de obras hechas en metacrilato mediante la técnica del corte láser, generando de este modo unas estructuras frías, semitransparentes, tecnológicas y sin afecto, semejantes a los grandes rótulos que colman barrios primordialmente empresariales como Las Tablas o Sanchinarro.
Por el contrario, la segunda sala de la exposición se compone de lo que el artista denomina Poemas de Resina o Poemas sin Palabras. Una serie de objetos y mobiliario realizados mediante la mezcla de resinas y restos naturales o artificiales. Del mismo modo que las distintas palabras utilizadas para la construcción de un poema generan diferentes estados emocionales, Bestué recurre a distintos materiales para provocar en el espectador lo inmaterial: la emoción. El propio artista reconoce en la hoja de sala que acompaña a la muestra, una interesante conversación con la poeta María Salgado, que “el material es incluso más importante que la forma”. Por este motivo, podríamos dudar de las razones que le llevan a utilizar dicho material para la elaboración de objetos fácilmente reconocibles, más aún de no importar su forma.
Del mismo modo, a pesar de denominarlos Poemas sin Palabras, son los títulos de las obras los que en realidad pueden llegar a emocionar al visitante. Así, a pesar de la importancia del material que él mismo manifiesta, titula algunas de sus obras como Manzana de ceniza del 11-S sobre un taburete con partículas del muro de Berlín o Trozo de pared real de la habitación donde nació una persona y trozo de pared real de la habitación donde murió esa misma persona.
A pesar de esos sentimentalismos, el peso de la segunda sala recae en el hecho de utilizar restos orgánicos e inorgánicos de estructuras previas para la construcción de otras nuevas. Una metamorfosis del material, en continua transformación, que alude a las constantes variaciones urbanísticas de barrios del sur de Madrid como Vallecas. El propio título de la exposición, Rosi Amor, hace referencia al mensaje que Bestué leyó en un grafiti de dicho barrio.
Para llegar a la tercera y última sección de la exposición es necesario descender las escaleras que dirigen a la Sala de Bóvedas. Un descenso con el que el artista quiere recordar al visitante la bajada a la Cripta Real del Monasterio del Escorial. Una alusión al Madrid histórico igualmente palpable en los materiales utilizados para la construcción de las dos últimas obras de la muestra, todos ellos reales y reutilizados. Una de ellas, haciendo referencia a una concepción lineal del tiempo, se construye mediante la unión de restos metálicos ordenados cronológicamente según su datación. Frente a esto, en alusión a una concepción centrífuga del tiempo, restos arquitectónicos góticos, barrocos, románticos y neoclásicos giran sobre sí mismos sin un orden coherente en la segunda de las obras.
David Bestué logra su objetivo y mediante objetos que refieren a elementos constructivos logra establecer una diferenciación entre el Madrid empresarial, el popular y el histórico. No obstante, envuelve sus obras de una falsa poética que en realidad únicamente aportan sus títulos. Largos nombres que, de nos referirse a lugares y momentos específicos cargados de connotaciones sociales (ya sea el Muro de Berlín, las Torres Gemelas o la estación de Atocha), difícilmente llegarían a emocionar al espectador mediante sus materiales pobres y fríos vacíos de significado.
David Bestué logra su objetivo y mediante objetos que refieren a elementos constructivos logra establecer una diferenciación entre el Madrid empresarial, el popular y el histórico. No obstante, envuelve sus obras de una falsa poética que en realidad únicamente aportan sus títulos. Largos nombres que, de nos referirse a lugares y momentos específicos cargados de connotaciones sociales (ya sea el Muro de Berlín, las Torres Gemelas o la estación de Atocha), difícilmente llegarían a emocionar al espectador mediante sus materiales pobres y fríos vacíos de significado.
Aitor Merino Martínez



Muy bien, Aitor.
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