Mascarada
Ya es hora
Galería Helga de Alvear
15 de febrero - 24 de agosto de 2018
“I don’t know what they are doing with their lives. Maybe wearing masks”
En las salas de la galería Helga
de Alvear retumba una música rock monótona y estridente. Murciélagos, antifaces
y máscaras, flechas y lunares, la caligrafía de Goya y el ajedrez de Duchamp.
Todo se mezcla a un ritmo sincopado, trazando una espiral que nos traslada a un
territorio desconocido. Es el universo de Marcel Dzama. Ya es hora, es una
exposición en la que se reúnen dibujos, anotaciones, máscaras y un vídeo
dispuestos en una acertada colocación que crea un diálogo entre todas estas
piezas lo cual permite sumergirnos en ese mundo irónico y siniestro del
artista.
A muchos niños les encantan las
caretas y los disfraces porque les permiten jugar a ser otros, cambiar de
rostro y, por consiguiente, de identidad. Sin embargo, cuando somos adultos
desconfiamos de quien lleva cubierta la cara y solo aceptamos máscaras en ciertos
espectáculos u ocasiones especiales. Nos asusta la metamorfosis, perder nuestra
identidad, deslizarnos entre lo imaginario y lo real. Marcel Dzama se encuentra
en el limbo, jugando continuamente con esas ambivalencias entre lo lúdico y lo
terrorífico.
Las máscaras de Marcel Dzama resultan
siniestras pero cuando las observamos de cerca, adquieren un tinte cómico, casi
ridículo. Me acerco a una de las que se encuentran expuestas en la galería
Helga de Alvear, giro alrededor de ella, y veo que su nariz de Pinocho se repite
a intervalos, creando una cabeza con varias caras interconectadas. Me fijo más:
está realizada con envases de zumo, en muchos de ellos, Marcel Dzama ha jugado
a tachar y escribir sobre la palabra “manzana” para construir su nombre y apellido.
Este tipo de juegos, nos recuerdan a las prácticas de las vanguardias
históricas y de hecho es evidente la influencia del dadaísmo y del surrealismo
en su obra, influencia que reconoce el propio artista. En una de las hojas de
su cuaderno, aparece pegada una carta de una de esas barajas que venden en las
tiendas de regalos de Nueva York y que contienen fotos de las construcciones
más representativas de la ciudad. En particular se trata del Joker y la imagen
es la Estatua de la Libertad. Marcel Dzama, capta rápidamente la ironía de esta
conjunción azarosa y escribe “Was it only a joke?”, cuestionando el “sueño
americano”.
Marcel Dzama está jugando
continuamente con el público a través de sus obras y parece decirnos que no hay
que tomarle en serio. Sin embargo, en cuanto nos detenemos un momento, nos
damos cuenta de que su obra nos ha llevado a reflexiones más profundas y actuales,
que ha despertado en nuestra mente una cadena de pensamientos en ningún caso banales.
El poder, la identidad, la religión, el control. No nos deja indiferentes la
visión de esos personajes uniformados, ocultos con máscaras que aparecen en sus
vídeos, y que acatan las órdenes del dirigente. Ese líder con máscara de vaca
que podemos ver en las piezas de la galería y que aparece, por ejemplo, en el
vídeo Une danse de buffons que se
proyectó en la reciente exposición del artista que tuvo lugar en la Casa
Encendida y que se titulaba Dibujando una
revolución, nos provoca repulsión. Clama “Only I can fix it. Only I can
save you” y todos le adoran inconscientemente como a una deidad, mientras nosotros
observamos ese espectáculo ridículo desde fuera. Los protagonistas de las obras de Marcel Dzama
nunca son humanos sino que son personajes, muñecos, marionetas o robots.
Parecen extraídos de un cómic y sin embargo, parecen ser el reflejo de un mundo
más cercano de lo que en un principio podemos pensar.
La obra de Marcel Dzama es una
verdadera mascarada, una fiesta siniestra y divertida, un teatro sin fin, un baile
desesperado al que entramos a formar parte saltando al escenario pero al que
también asistimos desde fuera, observando con mirada crítica aquel espectáculo
ridículo y extraño. Altamente recomendable traspasar estos días la puerta de la
galería Helga de Alvear para sumergirse de lleno en esta mezcla de ironía y
miedo que quizás sea un juego más serio de lo que parece.
Ana Redondo Plaza




Olvidas poner el nombre del artista en la ficha de la exposición.
ResponderEliminarNo le prestas atención al hecho de que todas las obras forman siempre parte de un proyecto (escenográfico, fílmico o teatral) más amplio.
Bien, en cualquier caso.