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"Homo Ludens" fallido


Flat earthers.

Galería Alegríac/ Doctor Fourquet, 35.

20 de Enero al 10 de Marzo de 2018.

GALERIA ALEGRÍA  presenta desde el 20 de Enero hasta 10 de marzo de 2018, la muestra Flat earthers, comisariada por la artista Adriane Rubenstein, quien participa en la misma junto a los artistas Chris Hood, Andy Robertson y Al Freeman.

            Sus galeristas, Sebastián Roselló y Patricia Donohoe, recorren una larga trayectoria desde sus inicios en Barcelona. Su ampliación a Madrid en 2012 les ha concedido una de las mejores localizaciones, la calle Doctor Fourquet  35,  conocida por la cantidad de galerías que activan el foco artístico del barrio de Lavapiés.  Su situación promueve la entrada de visitantes que frecuentan los cercanos, Centro Social y Cultural La casa encendida y  Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

        Esta exposición fue plantea originalmente como una muestra individual de  Adriane Rubenstein, sin embargo, es la propia artista quien plantea la posibilidad de reunir a varios amigos. Las líneas de trabajo y el resultado final proyectan el método  que mueve a la galería Alegría para con el arte, "dejarme seducir por la plasticidad", "actúo por impulsos y mi aproximación al arte es más visceral que intelectual".

La propuesta colectiva de situarse frente  "la afombra mágica", la tierra, en palabras de la propia Rubenstein, muestra, bien con creaciones anteriores, “Refresco” de Freeman,   bien realizadas para la muestra, “The Flat Earth” de Rubenstein, aspiraciones que oscilan entre el encuentro y lo que Huizinga propone en  Homo Ludens:  

"El juego es una acción u ocupación libre, que se desarrolla dentro de unos límites temporales y espaciales determinados, según reglas absolutamente obligatorias, aunque libremente aceptadas, acción que tiene su fin en sí misma y va acompañada de un sentimiento de tensión y alegría y de la conciencia de “ser de otro modo” que en la vida corriente".



El conjunto de 7 obras recogen esta potencialidad del arte lúdico a través de distintos soportes; pintura, vídeo, y esculturas blancas.  El juego adopta diferentes formas según la causa que produzca cada acercamiento; la naturaleza como paisajes compuesto por brócolis y mariposas en el caso de la artista canadiense,  la temporalidad a través del movimiento del des-hacer propuesto por Robertson, detenido o petrificado por la pintura amateur del padre, y por último, la materialidad construida por la mancha ligada al Pop Art de Hood, opuesta al tratamiento material de Freeman  cuyas esculturas blandas  cuestionan la rigidez de los parámetros patriarcales que abarcan nuestra cotidianeidad, potenciados en conformaciones endebles que ridiculizan esta visión y la concepción del hogar masculino.



Más allá de su anhelo por retornar la experimentación del  arte como juego o encuentro, no hay conclusiones o impacto alguno. La divergencia en cuanto al tratamiento de las formas y las materialidades no permean, el reiterado placer, en el  visitante-espectador. Además, algunas de las obras, Freeman en este caso, debido al reducido número de piezas que se presentan, únicamente dos, producen el efecto contrario del que se desea mostrar. Su exposición en la galería Henry 56, Nueva York, (2018) si que consiguió invadir todo el espacio con el simbolismo que materializan sus esculturas blandas. Por otro lado, su relación con aquello que se presenta en el título tampoco adquiere forma lógica de aclaración en la muestra,  dificulta, más si cabe, el  objetivo principal; un acercamiento a las obras en conjunto, un encuentro que permita delimitar sus reglas del juego.



Nuestra expresión formidable de las anteriores exposiciones que acogió la galería, “Parque Natural” de José Ramón Aíx, y “El florero en flor” de Jorge Diezma (2018), en diálogo con el espacio expositivo donde se encontraban; Pabellón Villanueva del Real Jardín Botánico de Madrid, torna en gesto tedioso en esta ocasión. Esperemos que Felipe Talo, su próximo artista, nos impulse nuevamente hacia dicha  Alegría.

Por Yaiza González López.




Comentarios

  1. Me gusta mucho, porque es la primera crítica que leo un poco "negativa". Me alegro por ello. Es sin embargo una crítica excesivamente apegada a las obras expuestas, más que a la valoración del conjunto. Además, pareces pensar que el objeto de la crítica es la trayectoria de la galería. Como si dijeras: la anterior estuvo mejor, esperemos que la que venga después no sea tan mala. Lo que uno debe valorar, más bien es el trabajo del artista y la exposición concreta. Lo que se exponga antes o después es otra propuesta diferente.
    Numerosas erratas.

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