Desenredar
Un entramado de hilos rojos se
observa a través de los amplios ventanales de la galería Nieves Fernández.
Capta la atención del paseante a pie de calle. Es llamativo, es curioso,
incluso parece un bonito diseño. Incita a entrar y observar más de cerca esa nube
de lana roja trazada en el espacio como un dibujo. Es Chiharu Shiota.
La artista japonesa, conocida en
el ámbito internacional por sus instalaciones realizadas con hilos de lana,
llega a Madrid cargada con sus ovillos que la acompañan a todas partes y presenta
la exposición Remind of..., que se podrá
visitar en la galería NF Nieves Fernández hasta el veinticinco de abril. Aunque
comenzó realizando una pintura que podría calificarse de informalista, a partir
de 1994 se dedicó a la performance y en 2002 encontró la llave del éxito con la
instalación In Silence presentada en
la Akadamie Schloss de Stuttgart. La pieza estaba compuesta por un piano,
previamente calcinado, y decenas de sillas dispuestas a la manera de un pequeño
concierto. Todos los elementos se conectaban por una telaraña de hilos negros
que los hacía flotar a la vez que los apresaba, creando un espacio onírico en
el que todavía se escuchaban las enigmáticas notas de un piano herido y la
respiración contenida de los asistentes. Fue la primera vez que utilizó hilos
de lana.
Chiharu Shiota teje, dibuja
espacios que transportan al espectador a un territorio indefinido, que en
ocasiones es acogedor y en otras terrorífico pero que siempre presenta tintes
oníricos. Caminar entre los túneles de lana, verse rodeada de miles de hilos
que se entrelazan, observar cómo toda la visión se cubre de un entramado textil
es una experiencia ante la que nadie queda indiferente. Sin embargo, tras el
efecto, ¿qué es lo que queda?
En el suelo de la sala principal
de la galería Nieves Fernández se encuentran numerosos cepillos a los que se
les han retirado las cerdas. Desnudos, con sus agujeros a la vista, algunos de
ellos aparecen atados a los hilos rojos que se elevan hacia el techo y cubren
parte de las paredes. Cada instalación se realiza a partir del espacio en el
que se dispone, por lo que cada una de ellas es absolutamente única. Con esta
máxima, Chiharu Shiota resuelve el problema de la originalidad. Así, puede
permitirse haber presentado en este mismo año, hace escasos meses, la misma
instalación en la Kenji Taki Gallery de Tokyo, como una obra diferente, y así
consta en su página web, en la que aparece con otro nombre: Forms of memory. La única diferencia
significativa entre ambas es que en esta última emplea hilo negro, y digo
significativa porque según la artista el negro recuerda al cielo nocturno, es
infinito, mientras que el rojo es el color de la sangre, de la vida, de las
conexiones humanas.
Chiharu Shiota siempre maneja
conceptos generales reducidos a simples arquetipos simbólicos que estrechan su
universo creativo. Rojo para la sangre y negro para la noche, los zapatos para
representar el pasado y las llaves para la esperanza. En sus instalaciones
emplea estos objetos repetidamente, objetos cotidianos que utilizamos en
nuestro día a día prácticamente de forma inconsciente por lo que son
receptáculos de recuerdos y experiencias. En la Bienal de Venecia de 2015, en
el Pabellón de Japón se pudo observar su instalación The key in the hand: dos barcas y más de 50.000 llaves colgando del
techo mediante hilos de lana roja. Un souvenir de esa exposición podría ser
perfectamente el cubo de hilos rojos con llaves que se encuentra en la galería
Nieves Fernández, una fetichización de sus instalaciones, en un práctico formato
para coleccionistas. El resto de piezas
de la exposición también se encuentran en esta línea de objetos sin sentido
alguno, vacíos por completo de contenido y que simplemente juegan con la
estética reconocida y reconocible de la artista. Al final, esta es la sensación
que tenemos al observar con detenimiento la obra de Chiharu Shiota.
Cuando salimos de la galería,
sentimos que todas aquellas obras ni son recuerdos, ni esperanzas, ni sangre ni
cielo, que simplemente son pura fachada y pensamos en la emoción que sentimos
cuando recorríamos aquel túnel de hilos rojos. Quizás lo mejor sea visitarla
rápidamente, sin darle tiempo a nuestro cerebro para atar cabos, porque el secreto
termina por desenredarse demasiado fácilmente.
Ana Redondo Plaza


Muy bien, Ana. La verdad es que con la obra de Chiharu Sihota sucede lo que tú dices.
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