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Título: Beatriz González.
Artista: Beatriz González.
Comisario: María Inés Rodríguez.
Lugar: Palacio de Velázquez,
MNCARS.
Dirección: Parque del Retiro, s/n
(Madrid)
Fecha: Del 22 de marzo al 2 de
septiembre de 2018
“El arte dice cosas
que la historia no puede contar”, en palabras de Beatriz González (Bucaramanga,
Colombia, 1938). El Palacio de Velázquez acoge en estos momentos la primera
exposición monográfica que se realiza en Europa de la artista. González, que se
considera a sí misma una “artista de provincia” ha alcanzado la fama en su
Colombia natal y en el resto del mundo como la gran precursora del arte pop
colombiano. A Beatriz, sin embargo, no le convence esta etiqueta. Interesada
por el concepto de gusto, los materiales no tradicionales, y la labor de
archivo, su trabajo se basa en la asimilación de imágenes que reinterpreta y
convierte en nuevos símbolos. Artista prolífica, es también desde 1970
directora del Departamento de Educación del Museo de Arte Moderno de Bogotá, y
ha sido una gran defensora de la labor pedagógica de los museos. Para González,
el museo es una herramienta educativa. Podemos entender que esto transpira en
su práctica artística si consideramos la labor de archivo que, queriendo o sin
quererlo, supone su obra. En esta muestra se enseñan por primera vez los
recortes de prensa que inspiran su obra, y nos es posible trazar mediante ellos
un recorrido por la historia de Colombia.
El pistoletazo de
partida en cuanto a su estilo personal, ya que la exposición propone un
recorrido temático y no cronológico, lo marca Los suicidas del Sisga (1965), obra en la que reinterpreta una foto
del periódico que acompaña a la noticia de un suicidio doble por parte de una
pareja de fanáticos religiosos. El folclore colombiano, el uso expresivo del
color y el interés por los temas de actualidad van a ser componente esencial en
la obra de Beatriz González. En sus obras más tempranas el elemento colombiano
lo van a marcar su inspiración en las caricaturas del XIX (que igual que en el
caso español fueron parte fundamental del desarrollo de la prensa), y el uso de
imágenes religiosas tomadas de colecciones de estampas.
Su interés por el
color y el aspecto matérico de la obra, y su obra se va a caracterizar desde
estos primeros momentos por el empleo de materiales poco usuales como por
ejemplo las planchas de metal como soporte, sobre las que pinta con esmaltes.
Esta técnica tiene que ver con otra de sus prácticas, la de los de
objetos-marco, un viaje que comienza tras una visita a un mercadillo en la que
encuentra una pequeña estructura de cama cuyas dimensiones acomodan
perfectamente un retrato que tenía en su taller. Partiendo de este primer
experimento, Camafeo (1970), realiza
toda una serie en la que adecua el tema de la obra al objeto seleccionado.
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González toma
elementos de la cultura popular y los reinterpreta, pero no le interesan los
lenguajes de los nuevos medios; su intención no es tomar el arte popular y
elevarlo a arte culto, si no tomar los grandes hitos de la historia del arte y
la historia de su país para bajarlos al plano de lo popular. Ejemplo por
antonomasia de ello es Telón de la móvil
y cambiante naturaleza (1978), una versión del Almuerzo sobre la hierba de Manet, que presenta en la XXVIII Bienal
de Venecia y que según la propia artista simboliza la asimilación, la
reinterpretación de los grandes temas de la Historia del Arte en los países de
la periferia.
Su tratamiento de lo
político vive una evolución desde unas primeras obras que tienen que ver más
con lo anecdótico, con ese ya mencionado mundo de la caricatura, hasta verdaderos
iconos de los episodios más cruentos de la historia de Colombia. Así, en 1981
encontramos obras como Decoración de interiores,
que representa una fiesta en honor del presidente Turbay, y que supone una
crítica liviana a la corrupción, los excesos del poder y la inutilidad de los
gobernantes. El año 1985 marca un momento de inflexión en la vida y la obra de
la artista. Tras la toma del Palacio de Justicia por la guerrilla Movimiento 19
de abril, González va a sentir la necesidad de tomar partido de manera
explícita en sus obras, y lo anecdótico de sus pinturas va a ser sustituido por
la creación de símbolos del dolor colectivo. Obras como Autorretrato desnuda llorando (1997), su intervención en los
columbarios del Cementerio Central de Bogotá Auras anónimas (2007-2009), o la serie Cada uno con su ofrenda (2010), nos hablan de la historia reciente
de un país marcado por la violencia.
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La exposición, comisariada
por María Inés Rodríguez, ya se ha podido ver en el CAPC de Burdeos, del que
hasta hace poco Rodríguez era directora, y próximamente será presentada en el KW
Institute for Contemporary Art Berlín.
Mónica Monmeneu González.



Bien. Correcta. Escasa valoración crítica.
ResponderEliminarLos pies de foto no son para poner de dónde has sacado la imagen.