Artista: Diego Delas (Aranda del Duero, 1983)
Título
de la exposición: Cielo y sol dorado de la siesta
Lugar:
Galería F2
Fecha:
Del 10 de febrero de 2018 al 10 de marzo de 2018
Horario:
De martes a miércoles de 10:30h a 19:30h y sábados de 11:00h a
14:00h
Dirección:
Calle del Dr. Fourquet, 28, 28012 Madrid
Larga
sobremesa, 2018
La
Galería F2 presenta “cielo y sol dorado de la siesta” la segunda
exposición que dedica a Diego Delas (Aranda del Duero 1983) en este
espacio de la calle Doctor Fourquet que hasta hace cuatro años
albergaba la sede una de las galerías más veteranas de Madrid: la
galería Fúcares. Desde entonces Paloma González y Enrique Tejerizo
dirigen esta galería dedicada al Arte Contemporáneo. F2 Galería
representa artistas tanto del ámbito nacional como internacional,
incluso artistas emergentes, buscando jugar un papel importante en la
escena artística europea.
Con
“Cielo y sol dorado de la siesta” Diego Delas nos propone un
viaje y también una determinada actitud previa: la de la curiosidad
de observar, a través de la mirilla, el desván de una casa antigua,
e imaginar, a partir de las formas escasas y la quietud que hay al
otro lado, qué se esconde allí, en qué época se quedó el tiempo
detenido y qué podría reactivar las vidas quietas de los objetos
polvorientos.
La
partida, 2017
Diego
Delas nació en 1983 en Aranda del Duero. Aunque actualmente vive y
trabaja en Londres, es importante recordar su origen en Aranda del
Duero para entender su obra y en concreto la de esta muestra, lo
vamos a identificar tanto en el arranque de la hoja de sala, donde
podemos leer la inscripción sobre un dintel de una fachada de Aranda
del Duero, como en la carga patrimonial y cultural que imprime en sus
obras.
Su
formación simultánea en Bellas Artes y Arquitectura le ha llevado a
combinar las dos disciplinas: tanto a la hora de realizar una
propuesta arquitectónica como en sus procesos más artísticos. La
arquitectura que vemos en la muestra “Cielo y sol dorado de la
siesta” parte de una propuesta total que combina lo mueble con lo
inmueble, a partir de varias capas que cohabitan el tiempo y el
espacio. Por lo tanto, es necesario señalar la aparición de un
lenguaje arquitectónico en su obra.
Diego
Delas trabaja para no olvidar. Produce instalaciones que giran en
torno a los procesos con los que se construyen los saberes y la
memoria subjetiva. Trabaja desde el fragmento, desde el trozo hacia
el todo. Diego Delas quiere poco a poco ir tejiendo un micro cosmos,
repleto de minúsculas, pequeñas analogías que configuran tótems,
mojones o marcadores en un tiempo y un espacio. Todo es un
desesperado intento de reflotar porciones de una historia oculta y,
mediante proyectos, incorporarla a un imaginario.
La
Exposición está pensada como una idea ficticia de lugar, un desván,
más concretamente; una ensoñación en un viejo desván. La muestra
se narra en torno a una idea de lugar por capas. La primera capa
activa todas las piezas y sus relaciones con el espacio. Sobre esta
capa, está el texto, las inscripciones y la hoja de sala. Y por
último, todo lo que queda fuera de estas dos: dibujos a lápiz en
las paredes (hay un total de cuatro dibujos), la estrella de la
columna y un sombrero a la sombra. Los dibujos de las paredes juegan
un papel importante en cuanto a espacialidad y temporalidad con el
resto de las obras, pues solo existen y se relacionan con los demás
elementos de la exposición durante el tiempo que dura la muestra, es
decir, este mes, esta siesta.
“Como
relato,” en palabras del propio Diego, “es importante que tenga
fallas, que no esté completo y que como construcción,
reconstrucción, se muestre inacabada, incluso fallida.”
Este
trabajo tiene que ver con preguntarse sobre las cuestiones de habitar
y de la casa como arquetipo y gran narrativa, igualmente fallida,
pero que ofrece momentos que le interesan relativos al story-telling
y cierta energía pre-moderna.
Los
diseños, en maderas y lienzos, que Diego Delas ha reunido remiten a
los muebles artesanalmente fabricados de las casas no modernas, sus
decoraciones, las marcas en los dinteles de las puertas sólidas. En
F2 queda la evocación y la reivindicación de maderas talladas y
pies derechos, escayola, yute, lápiz, algodón, barro no cocido y
ecos de juegos infantiles que ya no se practican pero no los
consideramos historia.
Diego
Delas recupera recuerdos personales de su infancia, reconociendo y
explosionando la parcialidad y subjetividad que la fantasía aporta
sobre ellos. Lo que presenta en “Cielo y sol dorado de la siesta”
es la materialización de esas visiones, “mentiras verdaderas”,
como lo que queda de un sueño al despertar.
Bajo
el primer peldaño, 2017
El
título de la muestra: “Cielo y sol dorado de la siesta” es en
realidad un fragmento oculto, extraído del libro de Rafael
Sánchez-Ferlosio: Industrias y andanzas de Alfanhuí.
A
partir de las dos lecturas, la de la exposición y la del libro, se
despliegan las referencias cruzadas entre ambas obras y es cuando la
interpretación de la obra de Diego Delas empieza a representar la
nostalgia de objetos viejos en la quietud de un viejo desván. En
este momento se pierden los límites entre el universo de Alfanhuí y
el del propio Diego Delas, llegando a un diálogo íntimo en un
escenario reconocido. En esta muestra consigue añadir una capa más,
que es esta capa oculta y, en su caso, la razón de ser.
Diego
Delas participa en la extraordinaria forma de Alfanhuí a la hora de
ver e interpretar el mundo: en la que ve los gallos de las veletas
con un solo ojo (perforación visible a ambos lados de la plancha);
en la utilización de los colores y la necesidad de llegar a ellos a
través de la experimentación con la naturaleza; en el lenguaje que
se inventa y por el que es expulsado de la escuela; entre otros.
[fragmento
del libro]
Donde
se cuenta lo que había en el desván y cómo Alfanhuí se quedó
dormido
Alfanhuí
se sentó en la silla y vino a poner la cabeza entre las dos ramas de
cerezo que le cercaban las sienes como una corona y las cerezas
parecían colgar de sus orejas como pendientes de rubíes oscuros
junto a su pelo castaño. Alfanhuí veía por el tragaluz el cielo y
el sol dorado de la siesta. Cerraba los ojos, y veía proyectarse
sobre la película translúcida de sus párpados juegos de luces con
manchas insistentes que el sol había dejado en el fondo de sus
pupilas. Pero la nevada de polvo seguía cayendo y cayendo sobre sus
pestañas y Alfanhuí se quedó dormido.
Iria Gámez



Bien. Tu crítica tiene más bien la apariencia de una hoja de sala de la exposición. Es muy explicativa pero poco crítica, en el sentido de que no se produce aquí una verdadera valoración de la exposición. Tienes algunos problemas de puntuación.
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