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Rareza fría


Alexandre Estrela o lo que nuestros sentidos esconden 

Knife in the Water, Travesía Cuatro.

¿Un cuchillo en el agua? Quizás se trate de construir imágenes, sensaciones –el acero cortando el medio líquido, la dureza fría y metálica recorriéndolo, el deseo de sinestesia–. O quizás aluda al ilusionismo de aquella navaja de juguete que el pícaro Klopick lleva consigo en la película homónima de Roman Polanski (1962). Me pregunto insistentemente qué busca Alexandre Estrela (Lisboa, 1971) llamando así a la instalación que da nombre a su exposición, y quizás sea la primera vez que un título me inquieta de esta manera.

Faca na água (Cuchillo en el agua), 2017.
En un sintagma desconcertante. El juego que Estrela propone comienza ahí, en lo elusivo de un puñado de palabras, en lo que no se dice o no se dice del todo, en lo que se muestra sin mostrarse. El cuchillo de Klopick. Y frente a nosotros, una enorme pantalla tan fría, tan silenciosa, tan extraña, sobre la que se muestra la imagen estática de un objeto también frío, silencioso, extraño. Cruzando la pantalla de un extremo al otro, encontramos un cable metálico tensado que proyecta su sombra sobre ella, haciendo que la imagen se desplace unos milímetros y genere una suerte de fenómeno de refracción. Es el flujo partido, seccionado, de una imagen rota. Acero cortando agua. Pero, ¿acaso es real este desplazamiento? ¿Lo produce la sombra, lo incorpora la imagen? Estrela pone la realidad en diálogo con la representación, deja que ambas esferas diluyan sus límites, se afecten, se entremezclen en una conversación siempre circunscrita al terreno de nuestra sensibilidad.
Videoinstalaciones que son preguntas; artefactos que derraman incómodas propuestas sensoriales. En la muestra encontramos asimismo dos de los trabajos más recientes del artista portugués: la videoinstalación “Vidro Duplo” (2018), un interesantísimo ejercicio de reflexión acerca de las propiedades sonoras del vidrio; y una escueta pero rotunda serigrafía titulada “Impossible object” (2017), quizás la pieza menos interesante de la muestra, pero cuya presencia es equilibrada a través de un diálogo productivo con las instalaciones, donde Estrela lleva a cabo un breve y modesto simulacro de ilusionismo óptico.

Vidro Duplo, 2018.

Alexandre Estrela pertenece a aquella generación de artistas portugueses –Rosa Barba, Laure Provost, Leonor Antunes o Nuno Cera, entre otros— preocupada por explorar los límites y las posibilidades de la percepción sensible y la imagen fílmica (lo que en algún lugar la crítica llamó “nuevas experiencias visuales portuguesas”). Profesor de cine experimental en la Facultad de Bellas Artes de Lisboa y director del espacio Oporto, dedicado al vídeo artístico, Estrela sin embargo rechaza rotundamente ser etiquetado como videoartista. Como ya demostraba en la aplaudida exposición “Cápsulas de silencio”, acogida en el marco del Programa Fisuras del Museo Reina Sofía (2016), en las manos del artista portugués el audiovisual se convierte en una materia de investigación viva, intensamente vinculada a las experiencias atesoradas en el mundo material. En aquel entonces, Estrela reflexionaba sobre la táctica bélica empleada por el ejército portugués en la guerra colonial en Angola –sonidos pregrabados de la selva que maquillaban el silencio que producían los movimientos de los soldados, debido al miedo y la inquietud que generaban a los animales que la poblaban–,  profundizando en la idea de la ausencia de ruido como elemento perturbador y señal de peligro. Alejándose del sujeto pasivo que impone el cine o el vídeo, en sus piezas Estrela propone experiencias ásperas, herméticas, que invitan a adoptar un compromiso activo con ellas, ofreciéndose como enigmas que solo pueden ser resueltos si hacemos uso de sus intricadas reglas de juego.
Las producciones más recientes de Estrela, presentadas en Travesía Cuatro, podrán revisitarse en septiembre en La Casa Encendida de la mano del comisario Natxo Checa, junto a los artistas Pedro Paiva y João Maria Gusmão, en lo que pretende ser una suerte de ejercicio científico-poético que explore la cualidad performativa del vídeo.
Inés Molina Agudo


Galería Travesía Cuatro. Madrid. C/San Mateo, 16. Comisaria: Luiza Teixeira de Freitas. 25 de enero—21 de marzo de 2018.




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