Título de la exposición: Pessoa. Todo arte es una forma de literatura
Comisariado: Ana Ara y João Fernandes
Lugar: Museo
Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid
Coproducción junto a: Fundación Calouste
Gulbenkian
Fecha: 6 de febrero
– 7 de mayo de 2018
Fernando Pessoa, principalmente conocido como el
gran poeta portugués del siglo XX, se convierte en eje central de esta
exposición que enfoca la escena vanguardista lusa, en la cual ocupó un lugar
central como teórico y, sobre todo, como dirigente de un grupo amplio de
escritores y artistas plásticos que conformarían varios movimientos artísticos
propios, entre los cuales destacaría el sensacionismo. Los comisarios Ana Ara y
João Fernandes hicieron la magnífica labor de reunir más de 160 obras de unos
veinte artistas y una gran cantidad de documentación original como manifiestos,
revistas, correspondencias, etc. Tanto los cuadros como los documentos provienen
de diversas instituciones y colecciones privadas, como la Biblioteca Nacional
de Portugal o el Centre Pompidou y especialmente de la Fundación Calouste
Gulbenkian, con la que se ha realizado la exposición en coproducción y que
prestó 56 obras.
El título de la exposición, Pessoa. Todo arte es una forma de literatura, es tomado de uno de los
más conocidos heterónimos de Pessoa, Álvaro de Campos, de una cita que sigue
–como se nos revela en la última sala– con “porque todo arte consiste en decir
algo”. Los comisarios se centran en tres de los más de cien heterónimos que
crearía Pessoa a lo largo de su vida, el mencionado Álvaro de Campos, Alberto
Caeiro y Ricardo Reis. Tal vez se podría haber incluido aquí a Bernardo Soares,
su semiheterónimo, que firmó su maravilloso Livro
do Desassossego, diario fragmentario publicado póstumamente en 1982. Sin
embargo, se explica esta ausencia porque la faceta de Pessoa que sirve de hilo
conductor aquí es, en esencia, la de su amplia producción periodística durante
las primeras tres décadas del siglo XX hasta su muerte en 1935. Así, se pone un
énfasis en las revistas literarias en las que publicaba, A Águia, Orpheu, K4 o Quadrado Azul, Portugal Futurista, A
Renascença o presença, entre las
cuales Orpheu tiene un lugar
destacado: la fundó Pessoa en 1915 con el poeta Mário de Sá-Carneiro y aunque solo se
llegaron a publicar dos números, revolucionó el panorama literario portugués
del momento.
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José de Almada Negreiros, Retrato de Fernando Pessoa (1964), óleo sobre lienzo, 226 x 225 cm.
(Fuente: www.gulbenkian.pt)
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La exposición abre con una pequeña
contextualización que presenta estos heterónimos, el momento histórico de la
Primera Guerra Mundial –destaca la actitud antibélica de Pessoa en comparación
con los secuaces del futurismo– y la producción caricaturesca para adentrarse
en los tres ismos portugueses
acuñados por el escritor lisboeta: el paulismo, el interseccionismo y el sensacionismo
–más similares entre sí de lo que pueda parecer a primera vista–, que se
completan con una sala dedicada al teatro y otra a la segunda modernidad. El
paulismo recibe su nombre por el poema “Pauis” (“Humedales”) y se acerca a los
postulados simbolistas decimonónicos, y el interseccionismo parte de la
confluencia de sensaciones y percepciones, queriendo unir lo físico y lo psíquico.
En estas salas destacan dos cuadros de Guilherme de
Santa-Rita, una rareza, ya que el artista ordenó que todos sus trabajos fueran
destruidos antes de morir de tuberculosis con 28 años. Otro elemento seductor son las
cartas originales que intercambiaban Pessoa y otros escritores vanguardistas
portugueses, como Teixeira de Pascoaes o Mário da Sá-Carneiro, con sus
homólogos españoles, como Miguel de Unamuno o Federico García Lorca, dejando
constancia de un afecto mutuo que, a menudo, queda relegado al olvido. Otro
indicio de las buenas relaciones se puede encontrar en la sala dedicada al
teatro en la que se expone, por ejemplo, el diseño del decorado para la obra
teatral Los medios seres de Ramón Gómez
de la Serna o los bajorrelieves del antiguo cine madrileño San Carlos, ambos
diseñados por José de Almada Negreiros.
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José de Almada Negreiros, Bar de Marinheiros (1929) y Jazz (1929), bajorrelieves en yeso pintado.
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El más
importante de los ismos portugueses
será el sensacionismo –según Pessoa, “la base de todo arte es la sensación”–
que encuentra su reflejo artístico en obras de portugueses como Almada
Negreiros y Amadeo de Souza-Cardoso –que residieron en París– o Eduardo Viana.
Todos ellos entablarían amistad con los parisinos Sonia y Robert Delaunay, que
se habían refugiado durante la Primera Guerra Mundial en Portugal, donde
introdujeron el orfismo y el simultaneísmo, y que tienen una destacada
presencia en estas salas. La exposición cierra con la segunda modernidad portuguesa,
que se desarrolló alrededor de las publicaciones Revista Portuguesa, Athena
y presença. Las tempranas muertes de
Sá-Carneiro, Souza-Cardoso y Santa-Rita, y la llegada al poder de Oliveira
Salazar truncaron la vanguardia, pero, a su vez, dieron lugar a un segundo
momento de modernidad. Artistas de la vanguardia como Almada Negreiros
reconfiguran sus lenguajes visuales y se vuelven más figurativos, y aparecen nuevos
nombres como Jorge Barradas, Mário Eloy, Júlio Dos Reis Pereira, Sarah Affonso
y Abel Manta, influidos por el expresionismo en auge.
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Robert Delaunay, Portuguesa (1916), óleo y cera sobre lienzo, 180 x 205 cm.
(Fuente: www.reinasofia.com)
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La exposición, a la que acompaña un cuidado y
bellísimo catálogo que recoge escritos de Pessoa y artículos sobre la
vanguardia portuguesa, entra en un diálogo reseñable con la exposición ESCALA 1:1 en La Tabacalera en la que se
expone la obra de veintiún artistas contemporáneos portugueses. Aunque muchos
de estos artistas son reconocidos internacionalmente, no han recibido la misma
difusión en España, a pesar de su cercanía geográfica, de manera similar a lo
que ocurrió con la vanguardia portuguesa, que no ha tenido la representación
que pudiéramos esperar. Ambas exposiciones ayudan a superar esta incuria y
recordarnos la proximidad y la necesidad de prestar atención al vecino, además
de brindarnos unas muestras especialmente logradas y atrayentes tanto en cuanto
a los artistas expuestos como a la faceta curatorial. Todo arte regala al espectador una joya tras otra: desde el retrato
de Pessoa, de Almada Negreiros, en el restaurante Irmãos Unidos, copia invertida
encargada por la Fundación Calouste Gulbenkian en 1964 del original de 1954;
pasando por los cuadros de los parisinos Sonia y Robert Delaunay, hasta Júlio
dos Reis Pereira, que mezcla las influencias de los Delaunay con el
expresionismo alemán cercano a George Grosz. Y como guinda, a la muestra
acompaña el ciclo de encuentros Pessoa:
historia breve del arte moderno y el ciclo audiovisual Pessoa y el cine.
Laura Hatry



Muy bien, Laura. Es discutible tu opinión de que "el paulismo, el interseccionismo y el sensacionismo [sean] más similares entre sí de lo que pueda parecer a primera vista". De hecho, las diferencias entre tales movimientos artísticos son muy notables. Mientras que el primero es un movimiento decimonónico, cercano al simbolismo, el último es una manifestación típica de la vanguardia europea del s. XX.
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