Título: Vintage: 1970-1980.
Artista: Lynne Cohen.
Lugar: Galería Bacelos.
Fecha de inauguración: 20 de febrero del
2018.
Del gris brota una estampa extraña como la ausencia de
color. Las fotografías de Lynne Cohen (1944-2014) proceden del terreno de lo
extraño, de la no presencia, del frío que encierra el abandono. Y es que su
materia prima son espacios construidos por la mano del hombre, espacios que
fueron perdiendo funcionalidad. Si el consumo apremia, nada importa; por eso,
la fotógrafa canadiense captura aquello que dejamos a nuestras espaldas al
seguir el dictado del sistema capitalista. En este caso, la pequeña muestra que
ofrece la Galería Bacelos está centrada en la producción de Cohen durante las
dos primeras décadas de su carrera. Desde su fallecimiento, el marido se ha
encargado de administrar el legado de la artista y ha trabajado en colaboración
con la galería. Fiel al revelado en blanco y negro, el conjunto lo domina una
amplia gama de grises: Vintage:
1970-1980.
No hay lugar en la obra de Cohen para persona alguna.
Cada escena, cada interior congelado tras la imagen, emana un anhelo hacia adentro
de silencio. Con su cámara, la artista capta el vacío y borra todo resto de
vida humana. La elección de ambientes espectrales, fotografiados a primera vista
sin intervención preparatoria, configura una estética visual a modo de
arqueología de la imagen de interiores. Desde el dualismo animado-inerte
plantea un acercamiento a los detalles materiales como medio de reconsideración
del espacio físico, condicionando lo menos posible el juicio del espectador. Esta
alternativa que oscila entre la torpeza y el misterio confiere a cada imagen un
contenido con abundante carga impersonal.

Formada en Bellas Artes por la Universidad de
Wisconsin, pronto despierta en Cohen la inquietud por la fotografía que la
acompañará hasta el final de sus días, paralelamente al desarrollo de su labor
pedagógica por diferentes centros europeos y norteamericanos. Condicionada por
la historia del arte, de Duchamp toma el concepto de ready-made, que traslada a un ecosistema ambiguo de aislamiento y
desconexión con lo real. Sus obras, de diferentes dimensiones, utilizan una
variedad tipológica que va sumando espacios íntimos, domésticos, institucionales,
de acceso restringido…configurando una alegoría sobre los límites de las
personas y el control por parte del entorno. En una suerte de angulosidad
geométrica, la simetría y las líneas que convergen con los brillos de la luz sugieren
una sinestesia a través de los materiales y la técnica, que ya señaló el especialista
en su obra Andrew Lug.
Todo el universo en torno a los presupuestos
fotográficos de Lynne Cohen se aleja del manifiesto inofensivo que a priori pudieran parecer. A través de
cada instantánea, la artista cuestiona el avance del capitalismo y deja
entrever de qué manera está relacionado con el artificio político, sociológico
y psicológico de nuestras comunidades. La
decepción, la claustrofobia y la
manipulación ocupan el primer plano de la muestra, que nos facilita el
acercamiento a un trabajo de gran singularidad de la mano de una fotógrafa
única y honesta. Cuando nos paramos a contemplar su trabajo, queda solamente un
último recuerdo de vida tras la mano invisible que pulsa el disparador.
Miguel Vega
Manrique
Muy bien. Bonita reseña.
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