Título: Le Corbusier. Arte y diseño.
Artista: Le Corbusier.
Lugar: Galería Guillermo de Osma.
Dirección: C/ Claudio Coello, Madrid.
Fecha: 01 de febrero – 25 de marzo, 2018.
La Galería Guillermo de Osma
sustenta, junto a la Galería Marc Domenech de Barcelona, un recorrido temporal
de la obra del multifacético creador, y más importante impulsor del proyecto
modernista humanista, Le Corbusier. A través de la recopilación de obras de
distintas colecciones, la muestra expone la vereda del artista a través de los
tres fenómenos que determinaron la actividad contemporánea, la estandarización,
la industrialización y la taylorización del proceso creativo que caracterizó a
la modernidad europea.
La modernidad significó a menudo
indagar en un pasado anterior a la etapa más oscura del renacentismo, así como
una nueva visión filosófica, más racional y antropológica, del propio
cristianismo. En arquitectura y urbanismo, se recuperaron los trazados
racionales que todavía se entreveían en el centro histórico de muchas ciudades
europeas amuralladas, y sirvió como modelo para los asentamientos europeos en
las colonias españolas. Leopoldo Zea, filósofo antimperialista y
decolonialista, enmarca el pensamiento de principios del siglo XX a través de
la siguiente definición de Europa:
<< La Europa que consideró que su
destino, el destino de sus hombres, era hacer de su humanismo el arquetipo a
alcanzar por todo ente que se le pudiese asemejar; esta Europa, lo mismo la
cristiana que la moderna, al trascender los linderos de su geografía y tropezar
con otros entes que parecían ser hombres, exigió a éstos que justificasen su
supuesta humanidad.
El marco temporal de la
exposición que Guillermo de Osma ofrece durante los meses de febrero y marzo,
se abre en 1929. Dos años antes, Le Corbusier conoce a Paulo Prado, un beneficiado
descendiente paulista, quien le advierte del proyecto de reestructuración de
Brasil focalizado en la concepción de una nueva capital del estado. En este
momento germina la intencionalidad colonizadora de Le Corbusier y su proyecto
de expansión del orden productivista del Esprit
Nouveau en América Latina. La figuración en “Deux femmes au collier” actúa como una referencia a la conjunción que
Le Corbusier tiene con el ideario progresista del estado brasileño, que
interesado en generar una nueva identidad nacionalista de la problación carioca,
se aglutina con el flujo reformista de principios del siglo XX destinado a
generar un nuevo tipo de identidad humana, pero sobretodo femenina, así como
una racialización consciente de los cuerpos a través de los procesos antropológicos
que surgieron durante la segunda mitad del siglo XIX.
Deux femmes au collier, 1929.
Lápiz y acuarela sobre papel.
En su primer viaje a América
Latina en 1929, Le Corbusier encuentra en la ciudad de Buenos Aires un
escenario ideal sobre el que aplicar sus principios en torno al ethos
modernista. Reduce el continente a una línea plana sobre la que levantar su
ideario racionalista, ideas que recoge en “Precisiones
sobre un estado presente de la la arquitectura y del urbanismo” (“Précisions sur un état présent de
l'architecture et de l'urbanisme”), un libro, casi un manifiesto, que
condiciona la arquitectura brasileña durante los años posteriores,
fundamentalmente en la figura de Oscar Niemeyer, quien
diseña finalmente Brasilia desde cero.
Durante esta primera estancia se
recogen dos de las anécdotas más conocidas del artista y arquitecto suizo. La
primera sucedería durante un espontáneo viaje a Paraguay, que le llevó en avión
a la ciudad de Asunción. En ese viaje elucubró, como hacían los pensadores
modernos, de repente y campechanamente, su teoría del meandro: el meandro idiota
como un reflejo de la estupidez humana, que escoge el camino más largo para
llegar al punto final. De la misma manera, tras esa visita espontánea a
Paraguay, de vuelta a Buenos Aires, asiste por primera vez al espectáculo de
Josephine Baker, la primera mujer afroamericana protagonista de un espectáculo
de variedades y de varias películas, y también un icono de la actitud
colonialista común a la mayoría de escenas masculinas de principios del XX. Una
realidad formal y contextual que se vería evocada en “Board games”, de 1930, en el que la curva destinada y los salones
de juegos aparecen identificando un tipo de comportamiento del hombre blanco
europeo.
Seis años después, Le Corbusier
vuelve a Brasil, en este caso a Rio de Janeiro, para proyectar la Ciudad
Universitaria y el Ministerio de Educación, momento en el que produce “Deux femmes nuages” y “Deux musiciennes sur la plage”, obras
que ofrecen un marco en el cual comprender la importancia de la idea de
"hemisferio occidental" en el imaginario del mundo moderno/colonial a
partir de principios del siglo XX, conformando un nuevo tipo humano que se
identificó a partir de ese momento con la esclavitud y la negritud, y
estableció nuevas relaciones entre raza y trabajo.
Taureau, 1952. Pastel, tinta y lápiz
sobre papel
Tal y como Marisa García Vergara sintetiza en su texto para el catálogo
de la exposición, en obras como “Toureau”
o “Deux verres à pied”, piezas que
pertenecen al periodo de notoriedad laureada del trabajo del suizo, Le
Corbusier sintetiza en un único esquema, el ortogonal, todos los índices de la existencia
antropocéntrica -visión, geometría, ética- a través del ángulo recto, como
expresión de un hecho antropológico representativo del proceso de la
civilización, en consecuencia de la concepción falocrática que Le Corbusier
tenía sobre la arquitectura y el urbanismo europeo como generador de un nuevo
concepto de dignidad humana.
Contemplar un análisis formal
sobre unas piezas en las que el polifacético creador dibuja en su mayoría
figuras femeninas, muchas racializadas, y todas ellas con poses
erótico-contemplativas, algún atleta, y dos toros en erección freudiana, no
haría resaltar la disociación que se produce entre el imaginario asociado a Le
Corbusier y las obras que hay expuestas en Guillermo de Osma. Es quizás por
esto que el conjunto de dibujos, collages y pinturas –sujetos a una fascinante
y sorprendente apuesta por el color, todo sea dicho- se expongan junto algunos
de los muebles que el arquitecto diseñó, durante los años de aventuras
antropológicas referidos en este texto, junto con sus ayudantes Pierre
Jeanneret y Charlotte Perriand. Una decisión comisarial puesta en marcha, o bien
por asegurar la capacidad neo-renacentista de un ídolo de la modernidad, o bien
por atestiguar que las piezas de carácter plástico vanguardista de la
exposición son de Le Corbusier y no de Picasso, Matisse o Léger.
Álvaro Porras Soriano.


Muy bien Álvaro. Veo que sigues con la enmienda a la totalidad. Enhorabuena.
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