José Benítez Montilla. Éxodos III
Galería Juan Risso. C/Doctor
Fourquet 9, Madrid
20 de enero-5 de marzo 2018
La galería Juan Risso, que ya cumple
contada trayectoria en la calle Fourquet, ha acogido entre los meses de enero y
febrero la obra del malagueño José Benítez. La muestra Éxodos III se adecua fervientemente al ideario que ha definido a la
Galería desde su fundación en Cadaqués. Gestionada de la mano del artista
uruguayo Ignacio Iturria, como respaldo a una escuela de creación artística, el
espacio se propuso promover la práctica de jóvenes autodidactas, con un
lenguaje propio, figurativo y del ámbito del mediterráneo o Latinoamérica. Perfil
al que claramente se adscribe el artista aquí reseñado.
Nacido en Antequera en 1963, aunque Benítez Montilla sea de formación autodidacta, su labrado éxito le ha
llevado a exponer en más de 30 ocasiones, principalmente en Andalucía, Cataluña,
Florida, Dallas y Los Ángeles. Su campo: la pintura. Su orientación:
figurativa. No obstante, un primer vistazo a su lenguaje, tan propio como tendenciosamente repetitivo,
permite hablar de un gusto por la dualidad, ambigüedad o el desdoble de una
imagen que no resulta tan aparente como pareciera mostrarse. Y es que cuando
uno se acerca y aleja en torno a sus pinturas, tiene la impresión de recibir
constantemente sentidos un tanto contradictorios, incluso paradójicos.
En primer lugar, sus escenas se
sitúan en un camino fronterizo entre la figuración hiperrealista de corte casi
histórica o narrativa y la abstracción poética. De lo primero se encargan las
referencias (reconocidas) a la pintura flamenca de Brueghel o el Bosco, tanto
en el tratamiento de la luz y sombras como, sobre todo, en la presencia de
seres fantásticos; así como la recurrencia a los claroscuros Goyanos y Velazquianos. De hecho, uno de sus cuadros, no presente en esta
exposición (Familia de Felipe V) se
apropia de la famosa pintura de Velázquez para situar androides en lugar de
Meninas. También la brumosidad de sus paisajes, así como la constante presencia
de ruinas, nos remiten a Turner o Piranesi. En definitiva, un espectro de
influencias claramente enmarcado en la pintura de paisajes o escenas. Pero, continuando
con la alegoría a la imagen desdoblada a la que nos referíamos, lo que cree
percibir el ojo que sobre sus pinturas camina es, en realidad, la confusión
entre dichos panoramas sobrepoblados macroscópicos (casi bíblicos) y una especie de
abstracción que remite al mundo orgánico. Al alejarse, uno cree sentir cómo las
ruinas se organizan en entramados epiteliales, celulares, pertenecientes a un
mundo también lejano, imperceptible para la vista humana, como es el
microscópico.
En segundo lugar, y en la línea
de nuestro análisis, el contenido semántico de sus trabajos parece remitir a
una fina precisión que confunde creación o construcción (propios de la célula, las
formas vivas circulares, los nidos) con lo distópico, materialista, el trabajo
o la guerra, el éxodo. Y es que el artista presenta una reconocida inquietud
ante una edad (la nuestra) que se descompone al tiempo que surge su propia metamorfosis. Un principio de
milenio en el que el asumirse humano pasa por reconocer todo aquello que
provoca su propia destrucción conforme se genera (inteligencias artificiales,
robots, telecomunicaciones). Los paisajes (micro o macro) de Montilla, escritos sobre una serialidad autorreferencial, están poblados
por seres antropomórficos productores de inútiles esfuerzos, con reconocido
torpe movimiento, en lo que parece un éxodo constante.
Lo más curioso es que
este desdoblamiento, imagen polisémica, actitud de desvelar ambiguos sentidos
al alejarse o recorrer la obra, es la forma con la que trabaja la paleta el
propio artista. Técnica que le acerca y aleja constantemente sobre una serie de
capas de pintura negra que retira después de haberla aplicado; capas sobre las que parecen
brotar las sombras de lo que, en realidad, asimilamos como blanco, luz, animal.
Y así, de nuevo la inteligente contradicción: de las sombras emerge la luz que es
la que da forma al humano desterrado, constantemente, desde y para siempre.
Luis Cemillán Casis



Mucho mejor. Estilo más llano,
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