El colectivo DIS presenta en La Casa Encendida su nueva red de entretenimiento educativo
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Una
de las salas de la exposición “Pulgares que escriben y se deslizan”, LCE, 2018.
La
comisaria Cristina Anglada nos explica de dónde sale el término “arte
post-internet” mientras sus palabras son engullidas por los sonidos estridentes
que acompañan a la gran pantalla que tenemos detrás. Consciente de la confusión
que produce la contaminación audiovisual, sonríe y señala: “no importa, esto es
justo lo que se busca en esta exposición, conjugar el aprendizaje y la
distracción”. Es miércoles y Anglada, invitada por el Programa Chimenea a La
Casa Encendida, se ha ofrecido a guiarnos por la exposición “Pulgares que
escriben y se deslizan”, que ha sido
inaugurada el pasado mes de febrero. Tiene mucho que contar; la exposición que
ella misma ha comisariado en CentroCentro, titulada “Adverbios temporales”,
trata cuestiones relativas: la experiencia humana en un presente ansioso,
acelerado, esquizofrénico. Un presente hiperlinkeado y ahistórico que diluye cualquier
frontera espaciotemporal.
En
algún lugar de su producción teórica, Nik Kosmas definió el arte post-internet
como un arte acerca de vivir, en red, en el siglo XXI. ¿Se trata entonces de un
arte acerca de la vida?, ¿un arte que trabaja con la experiencia contemporánea,
mediada por la red? En “Pulgares que escriben y se deslizan” se explora una
cuestión fundamental para los procesos de formación de la subjetividad contemporánea:
la educación en tiempos de la economía de la atención. O más bien, el
aprendizaje. En ella, el colectivo neoyorquino DIS –integrado por Lauren Boyle,
Solomon Chase, Marco Roso y David Toro– presenta su último proyecto, producido
en alianza con más de una quincena de artistas, que se concreta en una suerte
de parrilla de vídeo online a la manera de Youtube. Sin embargo, a diferencia
de la selvática y conocida plataforma, el colectivo solo trabaja con cápsulas
de vídeo que profundizan en conceptos claves para el desarrollo de un
pensamiento crítico actual. Lo han llamado “red de entretenimiento educativo” –en
inglés, “edutainment network”–, y con
ella buscan dirigirse a la llamada Generación Z, aquellos jóvenes que han sido
socializados a través de las pantallas desde su más tierna infancia y que, en
palabras de Marco Roso, “ya no lee”.
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Cajas de luz en una de las salas “Pulgares que escriben y se deslizan”, LCE, 2018.
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En la ficha debe constar el título de la exposición y el nombre del artista o de los artistas, si no son muchos, además del nombre del comisario de la exposición.
ResponderEliminarLa crítica en general es correcta.