Artista: Sandra Gamarra
Local: Galería Juana de Aizpuru
Fechas: 17/2/2018-31/3/2018
Las academias de arte europeas definen, a partir del siglo XVII, una tipología y jerarquía para la producción artística, donde la pintura de historia se presentaba como el gran género, ya que se inspiraba en escenas heroicas de la historia y en alegorías. Abajo venía la pintura de género, término definido por Diderot en Essais sur la peinture (1766), que serían –en orden de importancia– el retrato, el paisaje y el bodegón. En oposición a la pintura histórica, la pintura de género representaba lo que era más vulgar y ordinario: la vida cotidiana, sus personajes y objetos.
Al adentrar la “Sala de objetos encontrados”, en la Galería Juana de Aizpuru, el visitante percibirá, a primera vista, pinturas de paisaje, retratos y bodegones. En Recurso I (paisaje) vemos un paisaje tropical en tonos de rojo, con grandes palmeras, vegetación abundante y un conjunto pequeño de personas, negras, con poca ropa. Está basada en una obra del artista viajero holandés Frans Post (1612-1680), pero a diferencia del original, contiene escritos, en rojo: “La naturaleza, junto con el trabajo y el capital, es el origen del mítico progreso civilizador. Se entenderá ahora lo que se quiere indicar cuando se dice que la naturaleza es políticamente interpretada… principalmente, como materia de un modo de producción en una formación social determinada”. Luego nos encontramos con Mercancía I (Bodegón), pintura basada en un bodegón de Francisco de Zurbarán (1558-1664), en tonos oscuros y con cacharros sobre una mesa. En blanco: “Qué vanidad que la pintura atraiga la admiración por la semejanza de las cosas cuyos originales no se admiran en absoluto”. En el retrato Producto (castas), una mujer negra sostiene una niña, más clara que ella, y un hombre blanco le toca la cabeza. Leemos: “El mensaje es claro: ciertas mezclas – en especial aquellas de blancos e indios con negros- únicamente podían conducir a la aparición de sentimientos viles, proclividades inmorales, y una extrema inclinación a un estado de incivilidad.”

Rojo indio es el título de esa exposición, y presenta el trabajo más reciente de la artista peruana Sandra Gamarra (1972). Desde el inicio de su trayectoria, Gamarra hace pinturas que se basan en imágenes ya existentes, a partir de las cuales reflexiona sobre el concepto de original, las categorías de la historia del arte, sus instituciones, las formas de representar el mundo y su ordenación. En el caso de la muestra en Juana de Aizupuru, trata específicamente de la representación del “otro” por la Conquista Española, teniendo como base la iconografía de la época y los objetos originarios de la colonia que se encuentran actualmente en colecciones de España.
La muestra está dividida en dos partes: “Sala de objetos encontrados” y “Sala del ostracismo”. En esta última, vemos una serie con siete pequeños lienzos rojos, intitulada Línea cronológica, que muestra una evolución en la pintura de género: una copia de un paisaje de Frans Post, un bodegón de Juan Sanchez Cotán, un retrato de castas de un anónimo del siglo XVIII, una ilustración botánica de Humboldt, una fotografía de parte de la colección del Museo Antropológico de Madrid, una foto policial de incautación de alijo de drogas, un paso de revista a los presos.
En frente, dentro de diez vitrinas de acrílico, dispuestas como en un museo de antropología, están los huacos, cerámicas andinas pré-colombinas que pertenecen a colecciones de museos en España. Lo que se muestra no son los objetos originales, si no sus copias en pinturas, y detrás de cada una se inscriben adjetivos que fueron designados por parte de la colonia al “otro”: inculto, serrano, chola, terruco, rojo, indio.
El término indio fue un equívoco histórico de Colón, que creía haber llegado a la India cuando en realidad llegó a América, y nombró los habitantes de allí de “indios”. Lo que Gamarra nos recuerda en su exposición es que lo que vemos no necesariamente es lo que está allí, y lo que nombramos a veces tiene más relación con nosotros que con el otro.
“Tanto el paisaje como el bodegón fueron dos géneros pictóricos que sirvieron para introducir, de manera blanda, los ideales naturalistas de occidente. Cualquier cosa pintada como “naturaleza” o formas de la vida cotidiana adquiría un halo de veracidad en un mundo en donde la aparición de un nuevo continente podría haber cuestionado el orden establecido.”
Julia Souza Ayerbe



Muy bien, Julia.
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