De Gutemberg a Faraday. José Val del Omar.
Galería Max Estrella. Santo Tomé
6, 28004 Madrid.
15 de febrero- 28 de abril 2018
José Val del Omar vuelve a ver la
luz en las salas españolas. No las dedicadas a la exhibición cinematográfica, a
las que siempre ha parecido costar encajar la producción del cinemista granadino en su marco. Sino, por
vez primera, a través de la institución galerística (después del giro
museístico que diera su obra tras alcanzar su merecido protagonismo en el Museo
Reina Sofía). Max Estrella rescata alguno de los elementos clave que permiten
seguir construyendo la historia de una de las figuras marginales pero
extraordinarias de la cinematografía experimental de nuestro país.
Siempre resulta grato volver a saber
de Val del Omar. Primero, como ya hemos indicado, por la extraordinaria riqueza
de un pensamiento estético (teórico) ligado a una clara voluntad de alquimista,
lo que lo convertía en pensador y mecánico, de la imagen y de la luz. Segundo,
porque su obra germina de entre la raquítica vanguardia cinematográfica
española pero consigue madurar y destacar, perviviendo idénticas búsquedas en
paralelo a los albores de la neovanguardia estadounidense. A pesar de su
marginalidad, es así considerado uno de los grandes predecesores del cine
expandido y puente de unión entre las vanguardias; artista total de la luz en
todas sus formas: mecánica-fotosensible, virtual-informática. Tercero, porque
es materia aun pendiente seguir escribiendo sobre sus proyectos[1],
ante la escasa visibilidad de su producción en las salas comerciales. Por todo
esto resulta complicado fracasar (esperemos que no suceda) al exhibir su obra,
pues tan sólo hablar de él ya colma la curiosidad. Pero la galería Max Estrella,
sin llegar a hacer sombra a la propuesta del Reina Sofía de 2011, ha ejecutado
con destreza los materiales a los que se enfrentaba, y es con notable (y de
agradecer) cuidado y voluntad la manera con la que han sido expuestos.
José Val del Omar acudía con
frecuencia a congresos a través de los que intentaba difundir o llamar la
atención de su obra, a la que él mismo consideraba como un avance en materia tecnológica,
de posible interés incluso para la modernización de los estudios
Hollywoodienses. Más de una vez, sin embargo, se le acusó de incomprensible u
opaco por poético o soñador, al recurrir constantemente a las alegorías, producto de una mente nunca en
descanso. No obstante, en su laboratorio PLAT (su concepción de arte total:
Picto Lumínica Audio Táctil), sus escritos se acompañaban de collages y
fotomontajes realizados por él mismo, en una especie de respuesta visual a su amplio
y desordenado abanico imaginativo. Son algunos de estos collages los que se exponen en la sala central de la galería, haciendo alusión a su
proceso creativo y tratando de explicar de una manera gráfica todo aquel
material o producción para el que sería imposible hallar hueco. Por ejemplo, se
hace referencia, a través de lo que parece un cartel, a Fuego en Castilla (1960), la segunda parte de su Tríptico Elemental
de España: una serie de tres cortometrajes documentales en los que la mecamística de la cámara recorre e identifica
los aspectos fundamentales de la cultura en torno al agua, el fuego y el barro,
todos ellos bajo el amparo de una crítica devoción religiosa.
Las constantes búsquedas a las
que aluden sus collages se plasman en la segunda sala de la exposición, en la
que el espectador puede moverse alrededor de sus inventos fundamentales. Algunos
de los que se sugieren son el uso de lentes de agua; aparatos que alteran los
cambios focales y espejos deformantes que amplían, distorsionan, retuercen la
imagen abstracta de varios motivos orgánicos proyectados sobre la pared; o el Diafonismo
sonoro, patentado en 1944, basado en la colocación de dos fuentes sonoras,
delante y detrás de los espectadores, de tal forma que el sonido les encierre en dos contracampos
acústicos que producen un contrapunto perceptivo-espacial, pues ambas fuentes presentan
entre sí una notable asincronía, una especie de palpitación.
El pase estrella de la galería lo
muestra la proyección de Aguaespejo
Granadino (1955), el primero de sus elementales, una preciosa alegoría que
combina interés antropológico con montaje poético-rítmico, cuyos movimientos
verticales, espejos que deforman rostros, verde que acontece a la noche y el palpitar
del cielo sobre una Granada por la que el tiempo corre hablan, no de sus
gentes, o costumbres, sino de un pesar humano, tan local como universal: el hombre ha creído dominar el agua,
encarcelándola entre los canales y fuentes que dibujan los jardines; pero el
deseo de ésta agua de pervivir libre en su cauce le hace brotar, vertebrar y
así estructurar realmente el montaje del film. Sólo el agua baila sabiendo por
qué. Al contrario que esas ciegas
criaturas que se apoyan en el suelo. Y es que para el granadino, el
naturalismo o realismo convencional habían anquilosado la forma de relacionarse
del espectador con la naturaleza. Lo interesante de la proyección que ofrece la
Galería es la adecuación a los requisitos técnicos que el cinemista planificó o
ideó para su exhibición. La película se proyecta según el sistema de Diafonía Sonora (que permite que el sonido de fallas se superponga con los motivos del
agua hasta proyectar o asociar la forma de una bailarina al chorro
traslúcido) y el Desbordamiento Apanorámico
de la Imagen: un juego de proyección doble que permite que la imagen
fílmica abandone la pantalla e inunde el resto de la sala, chocando incluso con
las nucas de los espectadores despistados.
Esta propuesta por recrear la
proyección viene a completar por entero el discurso que trata de trasladar la
exposición. A reflejar la constante búsqueda de Val del Omar, nunca terminada
en vida: un cubismo cinematográfico; un cine total y sinestésico que reconfigurara
la experiencia perceptiva de la visión. Una visión entendida, no como reproducción, ni
como ciega devoción mimética, sino racionalizada en términos de tactilidad,
latido, luz. Por eso su obra merece ser siempre re visitada. Porque él dijo que
el niño “ve” al echar la mano para coger
el objeto que por vez primera se le enseña, aunque se trate de un carbón encendido[2].
Por eso su obra debe verse (presencial, físicamente), una y otra vez. El Reina
Sofía debería decidirse a dedicarle un lugar permanente en sus salas, si está
dispuesto a dejar que el cine forme parte del museo, no como material
documental de apoyo, sino como uno más de los discursos estético-críticos de la
modernidad.
Luis Cemillán Casis
[1] Destacan
las iniciativas de Román Gubern y de los familiares del artista, María José y Gonzalo
Sáenz de Buruaga
[2] “Teoría
de la Visión Tactil” (1959) en Val del Omar, José. “Escritos de técnica,
poética y mística”. Edición de Javier-Ortiz Echagüe. Barcelona: Ediciones de la
Central, 2010. Pag 115


Problemas de estilo: "ha ejecutado con destreza los materiales a los que se enfrentaba, y es con notable (y de agradecer) cuidado y voluntad la manera con la que han sido expuestos". ¿De verdad han ejecutado los materiales?
ResponderEliminarDe nuevo te dejas llevar por un estilo engolado y ampuloso que dificulta mucho la lectura y hace menos comprensible lo que quieres decir.