Título de la exposición: Martín Chirino en su Finisterre
Artista: Martín Chirino
Comisario:
Francisco Calvo Serraller
Lugar: Galería Marlborough
Dirección: Calle Orfila 5, 28010 Madrid
Fecha: 15 de febrero – 28 de marzo de 2018
Cuando pensamos en Martín Chirino (1925), pensamos en hierro, viento,
arena, y espirales. Esta exposición antológica –en cuyo transcurso el artista
canario ha cumplido 93 años y que se celebra justo 60 años después de su
primera exposición en la capital en 1958 en el Ateneo de Madrid– comprende 12
esculturas y 29 dibujos inéditos de un cuaderno fechado en 1973, la Colección Chicago. Uno de los aspectos
más asombrosos es que la mayoría de las esculturas son de producción reciente y
reflejan la continua fertilidad, la actividad incesante y la necesidad de
seguir siendo artista hasta el final –ya desde el título, Martín Chirino en su Finisterre, podemos presumir que la exposición
está concebida como cierre de algo–. La exposición recorre su obra desde los
comienzos –la más temprana, La reina
negra, es de 1952– hasta sus más nuevas creaciones –tres son de 2018–,
reflejando cómo forjó su propio lenguaje artístico, con sus inconfundibles
espirales de hierro en las que el cosmopolitismo y las raíces de su
isla natal, Gran Canaria, convergen. Tal como apunta Calvo Serraller en el
texto que acompaña al catálogo, este recorrido no solo descubre toda su
trayectoria, sino que su obra más reciente “busca retrocesivamente su origen”,
cerrando el ciclo de su quehacer artístico.
Las esculturas expuestas varían desde pequeñas a gigantes, son de hierro o
bronce e incorporan motivos variados de la carrera de Chirino. Los aeróvoros recuerdan
a pájaros aliabiertos o máquinas voladoras futurísticas y aerodinámicas, tanto
que los imaginamos planeando por el aire –mención especial merece el Aeróvoro de 2016, etéreo en su belleza
simétrica con un toque distintivo del hierro oxidado y un nudo central grácil–.
Entre las espirales destacan la monumental Alfaguara. Un arco
para el mundo II –que atraviesa el
espacio a lo largo de diez metros y en cuyos extremos encontramos, por un lado,
una espiral vertical de la que sale ordenadamente su apéndice, y por el otro, pliegues
enredados, unidos en el medio a dos metros de altura– y El viento solano I (El Quijote II) –que con el movimiento helicoidal juega con la apertura y el cierre de la espiral–. Las cabezas tienen
reminiscencias africanas o griegas y Guitarra.
Sueño de la Música constituye un homenaje a la música, donde sobresale el
relieve de una guitarra cuya sombra se refleja con láminas de madera.
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Alfaguara. Un arco para el mundo II (2005), hierro forjado y empavonado, 450 x 1050 x 214 cm.
(Fuente: www.galeriamarlborough.com)
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En los dibujos, realizados con barra conté y ceras sobre papel, podemos divisar
muchas de las formas que luego se trasladarán a la tridimensionalidad. La
exposición se enriquece por la divergencia entre lo definido y estas
exploraciones previas que albergan un misterio y un sinfín de posibilidades. Se
expresan como estudios oníricos en su repetición, nebulosidad, profundidades
inciertas y tonalidades que convierten una idea visual en cualquier cantidad de
variaciones intrigantes que, además, recuerdan en cierta manera a los
postulados del letrismo, como si fueran páginas de jeroglíficos o un alfabeto
secreto que refleja el vuelo de esos pájaros que más tarde se solidificarán en
sus esculturas. Estos dibujos presentan una suavidad y una ambigüedad que se
unen con una abstracción genuina en la que podemos observar el momento previo a
tomar la decisión que se plasmará en las esculturas finales, sobre las cuales
nos preguntamos qué representan, mientras que los dibujos no salen de esta
abstracción. Podrían ser el murmullo de los pájaros, constantemente revelando
nuevas perspectivas y proponiendo nuevos vectores para la imaginación, mientras
que las esculturas congelan un momento concreto –pero, a la vez, mantienen la
herencia sutil desde el desarrollo hasta un futuro incierto–. Otro aspecto
reseñable de estos dibujos es su translucidez, su caligrafía y el ritmo casi
musical que transmiten.
Colección Chicago X (1973), barra conté y ceras sobre papel, 45.5 x 61 cm.
(Fuente: www.galeriamarlborough.com)
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Colección Chicago XXIV (1973), barra conté y ceras sobre papel, 45.5 x 61 cm.
(Fuente: www.galeriamarlborough.com)
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Las esculturas ofrecen una sorprendente cercanía
con formas vivas, casi criaturas que presentan una fluidez y características
que recuerdan, como he dicho antes, a aves o a aeroplanos con diseño
futurístico. Lo que en los dibujos eran premoniciones, sospechas de
posibilidades, en las esculturas se ha hecho definitivo, rígido, pero a la vez mantiene
viva la maleabilidad y el flujo del metal elástico del que están hechas, de
manera que transmiten la fuerza de la naturaleza y la flexibilidad infinita. Chirino
lleva la vitalidad a la espiral, la sinuosidad del viento a sus esculturas –y
aunque parta de los alisios canarios y de su tierra natal, consigue llenarlas
de universalidad–, que complementa con metáforas en sus títulos que resuenan en
nuestra memoria mucho después de verlas: Aeróvoro,
Alfaguara, Afrocán… Con esta
exposición se ha llevado a cabo una alianza extraordinaria entre dibujos que
nos permiten soñar posibilidades múltiples y esculturas que se elevan, se
escalan, se tuercen, se eluden y titilan con la incandescencia del fuego que en
algún momento las hizo bailar.
Laura Hatry



Excelente. Muy bien. Enhorabuena.
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