Geometrías Enfrentadas
Gerardo Delgado
Galería Fernández Braso
8 de marzo al 21 de abril, 2018
La Galería
Fernández-Braso presenta una vez más la obra de Gerardo Delgado.
Una exposición en la que el rojo, el azul y sus ya conocidas
geometrías son los protagonistas. El pintor sevillano nos presenta
esta vez obras producidas con urgencia bajo el impecable marco de la
galería. En esta exposición el diseño expositivo hace un gran
favor a la obra del artista cuyos colores estridentes y lienzos de
gran formato necesitan del espacio para reposar y
oxigenarse.
La galería
Fernández-Braso es uno de los espacios expositivos más bellos de
Madrid. Teniendo en cuenta su trayectoria es también uno de los
espacios menos asequibles para las nuevas generaciones de artistas.
Lo tienen muy claro y siempre ha sido así. En Fernández-Braso
representan a artistas españoles activos de la segunda mitad del
siglo XX hasta la actualidad. Su especialidad es la vanguardia
clásica de España con artistas como Carmen Calvo, Feito, Isabel
Muñoz, Pérez Villalta y Soledad Sevilla entre otros.
Bajo este marco se
presenta la obra de Gerardo Delgado, pionero de la abstracción en
España y una figura importante de las vanguardias españolas de los
años 70 y 80. Se inicia en la pintura gracias a su relación con
algunos arquitectos sevillanos intelectualmente activos en el mundo
del arte como José Ramón Serna. Delgado se vincula con el Grupo de
Cuenca, los Encuentros de Pamplona, el Centro de Cálculo y el grupo
Nueva Generación. Su importancia en las vanguardias españolas se
muestra evidente a través de las últimas retrospectivas dedicadas a
la obra del artista. Es ante todo un personaje polifacético que no
se define así mismo como pintor. Gran parte de su trabajo se divide
entre clases de arquitectura y sus más de 60 montajes de
exposiciones, así como diseño de catálogos.
Vista de sala. Geometrías enfrentadas, 2018
Para Gerardo
Delgado la creacción es un trabajo de investigación plástica.
Observando su trayectoria podemos corroborar estas plalabras. Una
etapa modular y geométrica en los años 60 dio lugar a la
experimentación con el espacio pictórico y las instalaciones en los
años 70. La introducción de elementos figurativos en los 80 y de
nuevo la geometría y el azar en los 90, su época más fructífera.
Vista de sala. Geometrías enfrentadas, 2018
En
2017 el CAAC de Sevilla le dedica una gran retrospectiva. Esta
terminaba con una serie llamada Nocturnos, Cristales rotos, 2017, que
se basa en unos dibujos realizados en 1955. Cada cuadro se compone
por una serie de 16 módulos rectangulares en los que destaca el
ritrmo y los grandes contrastes entre rojo y negro. Una obra que
Delgado no consideró acabada en su momento y a la que otorgó el
nombre de Geometrías desquiciadas. A través de estos cuadros el
pintor concibe una nueva serie, Ventanas rotas, que es una
simplificación de Nocturnos. En este caso contamos con sólo cuatro
rectángulos separados por dos líneas centrales, una vertical y otra
horizontal. Así se origina la exposicíon que podemos
seguir visitando hasta el 21 de abril en la Galería Fernández-Braso.
Nocturnos. Cristales rotos, 2017. CAAC
Nocturnos. Cristales rotos, 2017. CAAC
Geometrías
enfrentadas, 2018, comienza en el escaparate exterior de la galería,
con un lienzo cuyo color dominante es el verde. Es aquí donde los
galeristas se han permitido la licencia de jugar con el público.
Esperamos verde y encontramos azul y rojo, la exposición puede que
no de para mucho más juego que este. La idea se introduce entonces:
ventanas rotas y geometrías enfrentadas. A pesar de ser un pintor
mayoritariamente abstracto, los nombres que reciben sus obras caen en
la figuración. Es inevitable una vez en la galería no interpretar
las figuras de contrapuntos angulosos como ventanas de cristales destrozados, quizás
demasiado obvio y demasiado fácil. Geometría e informalismo se
confrontan en cada lienzo. También se dan lugar pequeñas línas rectas de un
maravilloso azul añil que aparecen en algunos bordes de esas figuras
geométricas, creando una breve e ilusoria tridimensionalidad.
Los
galeristas han decidido separar los colores en los espacios de la
galería, primero el rojo y después el azul. El rojo es vibrante,
llamativo, acaparador, y el azul nos permite descansar, intimar y
reflexionar. La galería aparece despejada, permitiendo que cada
cuadro pueda oxigenarse en los muros blancos. Una obra más pequeña,
más sencilla y de tonos blancos y grises cuelga en uno de los muros
más grandes de la sala. Se agradece la sutileza de este descanso.
Los
galeristas han decidido separar los colores en los espacios de la
galería, primero el rojo y después el azul. El rojo es vibrante,
llamativo, acaparador, y el azul nos permite descansar, intimar y
reflexionar. La galería aparece despejada, permitiendo que cada
cuadro pueda oxigenarse en los muros blancos. Una obra más pequeña,
más sencilla y de tonos blancos y grises cuelga en uno de los muros
más grandes de la sala. Se agradece la sutileza de este descanso.
En
1983 Francisco Calvo Serraller escribía para El País palabras que hoy se
podrían rescatar a la hora de hablar de la última exposición de
Gerardo Delgado: “Delgado sigue ahondando en la densidad misteriosa
del color y en la relación fondo-figura”. Si bien es cierto que
Delgado reutiliza sus pinturas anteriores, como una especie de
reciclaje de procesos explorativos, esta exposición presenta a un
artista diferente, que se ha dejado llevar por la urgencia de la
exposición. Hay que tener en cuenta que toda la obra presente
se ha producido en el 2018, año también en el que Fernández-Braso
le dedicaba un stand monográfico en Arcolisboa2018 con su obra de los
años 60 y 80. No es probablemente un capricho que en sólo tres
meses el artista haya elaborado todos los lienzos de la sala con una
rapidez que poco le caracteriza. Él es ante todo un artista analítico
que reflexiona ante la obra durante largos períodos de tiempo. Puede
que sea la urgencia temporal la que haya permitido a Delgado un
estilo no tan explorado hasta el momento, mucho más fluido, con el
que reconoce haberse divertido y en el que recupera brevemente sus
tan exploradas geometrías.
Aunque
Delgado se caracterice por el uso de las figuras geométricas yo me
quedo con sus colores. Sobre todo el color azul, su contraste ante el
fondo negro y la profundidad en la que nos sumerge al contemplarlo.
De la misma forma me quedo con las marcas de lápiz que encontramos al fijarnos en los cuadros y que permiten
intimar con la obra, detalles que a menudo nos acercan al proceso
creativo. Y por supuesto con las delgadas líneas rectas azul añil
que recuerdan a los tiralíneas usados en construcción, un pequeño
símbolo de su profesión de arquitecto.
Irene Zöller Huete




La crítica es muy bella. Expresa tal vez una excesiva empatía con la obra de un artista que trata en realidad de escapar del sentimentalismo y de las emociones. No es correcto hablar aquí de relación entre la geometría y el informalismo, porque aquí no hay informalismo ni expresionismo abstracto en absoluto. Tampoco sé si ésta es la galería más bella de Madrid. Tiene algo demasiado aséptico y frío, algo demasiado oficinista y oficialista, como para alcanzar ese título. En fin, muy bien en cualquier caso, Irene.
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