Intuición
Artista: Carlos Bunga
Galería Elba Benítez
Hasta abril de 2018
A lo largo de sus 28 años de existencia han pasado por la galería de Elba Benítez artistas tan reputados y variopintos como Ignasi Aballí, Ibon Aranberri, Cabello/Carceller, Carlos Garaicoa, Cristina Iglesias o Francesc Torres. A pesar de trabajar con medios tan distintos, las referencias arquitectónicas son un constante leitmotiv en sus exposiciones. Por ello no es de extrañar que la galería haya contado en esta ocasión con el artista portugués Carlos Bunga (Oporto, 1976), de carrera corta pero intensa. Con sus apenas 42 años ha realizado ya exposiciones individuales en museos como el MARCO de Vigo, el MUAC de México o el MACBA de Barcelona. Ha formado igualmente parte de eventos como la Trienal de Arquitectura de Lisboa, la Bienal de São Paulo o la Manifesta 5 de San Sebastián, en la que comenzó la relación del artista con esta galería, vínculo que se ha materializado ya en cinco proyectos expositivos.
La muestra lleva por título Intuición, un claro guiño a la obra La Pensée et le Mouvant del filósofo francés Henri Bergson. El autor analiza en un momento de la obra como, ante el color naranja, racionalmente somos conscientes de que se trata de la mezcla del color rojo y amarillo. No obstante, Bergson dice posteriormente que, aun no sabiendo esto, seríamos capaces de reconocer la cercanía cromática de estos tres colores. A este hecho es al que denomina “intuición filosófica”, un conocimiento menos racional pero más profundo y espiritual. Del mismo modo, Carlos Bunga diferencia en esta exposición entre la percepción intuitiva y el análisis racional, lo que obliga a no dejarse llevar por la apariencia superficial de las obras y detenerse para analizarlas en profundidad.
Como es característico de su producción, encontramos aún ciertos materiales povera como sus representativas cajas de cartón pintadas. No obstante, en esta ocasión, el artista da mayor protagonismo a sus nuevas investigaciones artísticas abandonando dicho material. Carlos Bunga considera el espacio como un laboratorio donde actuar sin premeditación, sin estudios previos o maquetas. Así podemos encontrar instalaciones como Habitar el Color, concebida en el propio espacio galerístico y para la propia galería. Una instalación site specific en la que pone de manifiesto su concepción de la pintura expandida. Así, abandona cualquier soporte para pintar directamente el suelo de la habitación, construyendo de este modo una pintura transitable que podemos apreciar tanto por la vista como por el tacto.
Una cualidad táctil de su obra mejor representada en su serie de Pinturas Exentas, donde utiliza diferentes lienzos, gasas y fieltros para generar texturas muy diversas. Al colgar dichas obras del techo, se construye igualmente un espacio transitable que recuerda lejanamente a sus antiguos laberintos de cartón (o a los juegos de celosías de su compañera de galería Cristina Iglesias).
Podríamos pensar que en esta ocasión Bunga deja a un lado su interés por el tiempo. En trabajos previos recurría al cartón por sus cualidades efímeras, utilizándolo así para la construcción de arquitecturas temporales con fecha de caducidad. No obstante, también el craquelado de sus Pinturas Exentas o del suelo de Habitar el Color posee las mismas connotaciones temporales. Como afirmaba en una entrevista el artista, “vivimos obsesionados con la eternidad”, motivo por el que él apuesta por obras efímeras y pinturas mezcladas con cola que al secarse se contraen y cuartean, acelerando de este modo el efecto del tiempo.
Del mismo modo, la obra sonora Proceso que acompaña al visitante se trata de una grabación obtenida durante el montaje de su exposición I am a Nomad en el Museum Haus Konstruktiv de Suiza, en el año 2015. De este modo, Bunga no únicamente construye una brecha física en sus obras plásticas, si no que a través del sonido genera igualmente una brecha espaciotemporal conectando dos exposiciones realizadas en lugares y fechas diferentes.
Por este motivo, como inicialmente afirmábamos, la muestra de Carlos Bunga invita a no dejarse llevar por la percepción intuitiva instantánea y profundizar en ella mediante un análisis más racional de las obras. Una muestra efectiva a la par que coherente, mostrando medios muy diversos que demuestran las líneas de investigación que el artista ha venido trabajando desde el año 2016.
Aitor Merino Martínez


Bien. Muy bien.
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