TÍTULO: Mirador
FECHAS: 18 de enero de 2018 – 31 de marzo de 2018
LUGAR: Galería IPSUM
COMISARIADO: Cayetano Limorte Menchón
Gastón Bachelard en
su libro La Poética del Espacio se
cuestiona acerca de la significación del territorio. A través del examen de
unas imágenes sencillas, que denomina como “las imágenes del espacio feliz”, el
autor pretende comprender las relaciones con aquellos espacios de emergencia
poética, que no nos dejan indiferentes. En estos lugares lo que prima es la vivencia
estética de cada sujeto, por lo que la planeación geométrica sobre el espacio queda
sustituida por nuestras ficciones, recuerdos y experiencias sensoriales. Se genera así una relación de afectación mutua entre la mera
representación del territorio y la acción sobre el mismo, entre lo cuantitativo
y cualitativo, entre espacio y lugar, en
la que no es sino nuestra piel la que sirve tanto de límite como lugar
de encuentro sujeto y entorno. Deleuze y
Guattari apuntan, por su parte, que es en ese linde donde sucede un
intercambio constante, tanto la creación de un código interpretativo como su
destrucción expresiva.
Cayetano Limorte
Menchón ha querido jugar con esta idea al comisariar la exposición Mirador que se presenta en la Galería
IPSUM. En la exposición se invita al visitante a tumbarse
sobre una alfombra, creación del artista Mikha-ez, que recrea una superficie
extraterrestre a partir de un conjunto de fotografías de un meteorito, así como
a abandonarse al ritmo del Concierto para Meteorito de Menhir. Esta instalación toma como punto de
partida este flujo comunicativo que pone en contacto dos hemisferios
antagónicos que no guardan una relación de causa y efecto entre sí, y que, sin
embargo, poseen la capacidad de generar nuevos códigos mediante su relación.
Al igual que un
mirador que une cielo y tierra, la instalación se convierte en un espacio
táctil y sonoro desde el que contemplar un paisaje. Sin embargo, cabe
preguntarse: ¿qué paisaje? La imagen que apreciamos en la superficie del tapiz,
y que quizá sea la gran metáfora de la obra, se corresponde con una fotografía
de la piel de un meteorito llamado Campo de Cielo, caído en Argentina en 1576. Resulta
llamativo ver como este fragmento siderito, perteneciente a un mundo supralunar y etéreo, sin embargo, es venido a un
paisaje terrestre y corruptible.
Esta roca pletórica de recuerdos
hace de este espacio tan ajeno su hogar al interactuar con él. A los
espectadores se nos brinda la misma oportunidad cuando discurrimos por este
territorio incierto, en el que objetos creados a través de medios industriales y sintéticos tratan
conceptos tan esenciales como la naturaleza misma. Nos encontramos ante una
obra de carácter abierto en la que nuestro recorrido es tan relevante como la
instalación y la composición musical. Este territorio de estética minimal, semi
vacío, vago e inestable tiene mucho de esa eventualidad radical que es
el “instante estético” ante el cual caemos rendidos, o al menos, esa es la
intención de los artistas. Buscan despertar en nosotros esa sensibilidad nueva,
propia de aquel que ve algo por primera vez, donde, precisamente, esa
representación mínima sea lo que permita la creación de contenidos primigenios.
El paisaje, por tanto, es interior y no exterior. Las fronteras entre lo
imaginario y real en él se disuelven al mismo tiempo que nos permite participar
de la bóveda celeste. Cuerpo y mundo se alternan, al igual que arte y vida. La
instalación nos deja rodeando lo que queremos decir, bailando a su alrededor,
tocándolo como una piel que toca y es tocada. El lenguaje es desbordado al
mismo tiempo que se producen agenciamientos de nuevos territorios vitales.
Quizá, la imaginación sea eso, un agrietar fronteras entre ausencia y
presencia, las sensaciones de un mundo ya olvidado, el de aquel primer hombre que
contempla arrebatado el pulso ciclópico de los cuerpos celestes
Noelia López López
Exposición difícil. Comentario correcto.
ResponderEliminarEn la ficha mencionas al comisario, pero no mencionas el nombre del artista.