TÍTULO: Pulgares que escriben y se deslizan
ORGANIZADOR: Colectivo DIS
LUGAR: La casa encendida, Ronda
de Valencia, 2, Madrid
FECHAS: 02 febrero al 15 abril de 2018
Vivimos
en el tiempo del ya no, y todavía no, un tiempo no transitivo, intempestivo —como diría Nietzsche—, el tiempo ahora, el
tiempo de todos los tiempos, el cual no admite referencias ni al pasado ni al
futuro. Se habla del tiempo presente
en términos de un lugar atemporal y deslocalizado, donde se producen hechos y
no acontecimientos, donde funciona la casualidad y no la causalidad, en el
que el instante del peligro es el peligro del instante, y sentimos que la vida
se nos escapa entre los dedos.
La Casa Encendida
recoge el proyecto Pulgares que escriben y se deslizan, en la cual se hace una revisión colectiva
sobre las complejísimas cuestiones a las que enfrentarnos en el presente. La exposición del colectivo DIS, integrado por Lauren
Boyle, Solomon Chase, Marco Roso y David Toro, no se trata de una presentación
al uso, ni con respecto al planteamiento, ni al formato, ni al conjunto de
artistas o el rol que adoptan como comisarios. A partir de un entramado de
producciones audiovisuales, cajas de luz y asientos de lo más extraño se
disponen tres salas, cada una de ella con una temática distinta, en las que se
pretende elaborar un discurso artístico que nos permita comprender
profundamente los futuros cambios sociales, tecnológicos o económicos, así como
imaginar las posibles alternativas ante un futuro cada vez más laberíntico. Concretamente,
en la primera sala encontramos todo lo relacionado con una propuesta de un nuevo modelo de
aprendizaje que, en la época del capitalismo cognitivo, combine la
educación artística y entretenimiento y que es denominado por ellos “edutainment”. En
la segunda sala se tratan aspectos
económicos de la propiedad del suelo y el tema de la desigualdad. En la tercera
sala se plantea un modelo alternativo de sociedad en la que la ciudadanía se
borra por medio de la tecnología de la nube o la ciudadanía líquida, una
quimera tecnológica gracias a la cual las fronteras del Estado-nación dejarían
de tener sentido. Si el tema ya es peliagudo, la
puesta en escena no se queda atrás, pues se analiza esta serie de cuestiones desde
una perspectiva micrológica, sirviéndose de disciplinas tan variopintas tales
como la biología, matemáticas,
literatura, arquitectura, filosofía o la robótica. Y lo que es más, sus obras van desde la crítica hacia la tecnología
hasta su propaganda, se sitúan entre lo didáctico
y lo provocativo, entre lo utópico y distópico. Al igual que la realidad de
nuestro presente, la ambigüedad está
siempre patente en la exposición a través de diversidad de propuestas,
lenguajes y formatos.
En las
imágenes que vemos en los paneles luminosos, hay una anfibología puesto que, si
bien parecen criticar ciertos aspectos de la sociedad en la época del
capitalismo tecnológico, se apropian de su propio lenguaje, ya que siguen una
estética publicitaria que nos recuerda a los
famosos memes, GIF’s y mensajes virales que vemos en Internet. Tras ver Un caminante blanco de Juego de Tronos
brindando con champán, se nos queda una imagen grotesca, absurda, estrambótica
de la Humanidad, la misma que Internet ha sacado a la luz. Una sensación
similar nos inunda al ver los objetos que
funcionan como asientos: demasiado duros como para descansar cómodamente
sobre ellos, demasiado raros como para asumirlos como propios. Los videos tampoco
se salen de esa tónica. A medio camino entre el documental, la animación, el
arte digital y hasta el videojuego, en ellos se explican
tanto a niños como a adultos desde una postura muy radical temas muy complejos,
siempre planteando más preguntas que respuestas, provocando reacciones y permitiendo
que aflore así la reflexión.
No cabe duda de que
en esta exposición se tratan temas de suma importancia desde una perspectiva
novedosa: Teoría Crítica, General
Intellect, memoria protésica, tecnología de la nube, desastre ecológico,
finanzas offshore, hiperconectividad,
mass media, moda, fake news, etc. Sin embargo, el punto de
partida tan irónico desde el que se aproximan a ellos hace que nos sintamos un
poco extraviados. Quizá debamos tomar cierta distancia con respecto de la
actualidad que nos libere de la misma, pues tal y como nos advierte Agamben, “el
contemporáneo debe ser una persona con coraje capaz de ver las luces y las
sombras de los tiempos, viviendo en temporalidades entrelazadas”, pues solo se
puede pensar el presente si tenemos en cuenta lo que se ha dejado de hacer.
Quizá, así pudiésemos atisbar cómo en la postmodernidad la crítica irónica a
veces deja de pertenecer a un ámbito subversivo y pasar a legitimar el orden
existente de una forma muy cínica.
Noelia López López
Las reflexiones que la exposición te suscitan son muy interesantes. Es posible que sean las que marcan el curso de nuestro tiempo. Sin embargo tu valoración de la propia exposición es muy parca.
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